Foto: Luis Javier Valbuena / WCS Colombia
Por: Jacobo Patiño Giraldo
Los rápidos de un río pueden ser bastante engañosos. Para quienes estamos acostumbrados a caminar en tierra firme, un paso en falso en medio de las rocas resbalosas o de la espuma de los torbellinos podría bastar para quedar a merced de la fuerza del agua. Pero existe un ave capaz de moverse entre esas condiciones, y lo hace con sorprendente facilidad: nos referimos al pato de torrentes.
Este animal, hábil como pocos para zambullirse contra la corriente mientras busca su alimento, es hoy, además, una especie clave para tratar de entender cómo está la salud en la cuenca alta del río Saldaña, el más importante afluente que el río Magdalena recibe de manos del departamento del Tolima.
El pato y el agua
El pato de torrentes, o Merganetta armata como se le conoce científicamente, es un ave de unos cuarenta centímetros de largo desde el pico hasta la cola. El macho se distingue por su cabeza blanca con rayas negras al tiempo que la hembra posee un plumaje cobrizo en el pecho y el vientre, y una cabeza grisácea que se funde con el tono de sus alas jaspeadas.
“Su alimentación depende principalmente de macroinvertebrados, es decir, de larvas y ninfas de insectos. Estas presas se encuentran debajo de las piedras o en los arenales de los ríos, por lo que el pato bucea mucho para encontrarlas”, explica Lina María Caro, bióloga y coordinadora de paisajes sostenibles en WCS Colombia.
Además, son aves monógamas y altamente territoriales, lo que significa que se quedan con una sola pareja durante toda su vida y defienden su trozo de río junto a ella. “En ocasiones, se ve a la hembra y al macho con sus crías, y como son tan territoriales, incluso hemos observado dos parejas peleando entre ellas. Parece que controlan distintos tramos de río, y si uno se pasa al tramo del otro, comienzan la disputa”, agrega.
La estrecha relación de este animal con el agua hace que cualquier cambio en la calidad de los ríos lo afecte directamente, en especial por la eventual desaparición de uno de sus principales alimentos, los macroinvertebrados, situación que, de llegar a ocurrir, lo obliga a abandonar la zona. “Aunque estos organismos acuáticos pueden resistir cierto grado de contaminación, si ésta alcanza niveles demasiado elevados, el ave desaparece”, afirma Lina María.
Pero no solo importa el estado del agua. Según Caro, hay otras características que también influyen. “Hemos evaluado muchas variables: por ejemplo, la cobertura natural a ambos lados del cauce o el tamaño de su ancho.”
Esa sensibilidad a las transformaciones del entorno convierte al pato de torrentes en un bioindicador: su presencia o ausencia es una pista importante para saber cuál es el estado de conservación de un ecosistema. De ahí que Río Saldaña: Una Cuenca de Vida* escogiera a esta ave para monitorear y determinar si sus diferentes acciones en torno a la vida silvestre están influyendo positivamente, o no, sobre los ríos y sus alrededores.
Detrás de un ave esquiva
Para monitorear al pato de torrentes, los investigadores recorrieron tramos de 400 metros en las subcuencas de los ríos Amoyá, Cucuana y Siquila, cercanos a los municipios tolimenses de Chaparral, Roncesvalles y Planadas, respectivamente. Allí registraron los avistamientos del ave.
Foto: Luis Javier Valbuena / WCS Colombia
“La idea era que las fincas donde habíamos hecho intervenciones, como el aislamiento del ganado de los bordes del río, fueran parte de estos recorridos. En total realizamos 11 trayectos por cada subcuenca, para un total de 33 con sus respectivas réplicas durante cinco años”, explica Javier Valbuena, biólogo que participó en esas jornadas.
Pero seguirle la pista al pato de torrentes no es un asunto fácil. Además de ser sensible a los cambios en el ambiente, cualquier ruido o perturbación es suficiente para hacer que se esconda bajo el agua o levante el vuelo y se vaya del lugar.
“Lo más cercano que lográbamos observarlo con cámaras o binoculares fue a unos 50 o 100 metros. Teníamos que movernos con muchísimo cuidado, usar ropa oscura y evitar movimientos bruscos”, relata Valbuena.
De hecho, el equipo tuvo que adaptar la metodología de monitoreo. “Dos personas llegaban al área del río escogida y avanzaban desde sus lados opuestos (río arriba y río abajo) hasta encontrarse en la mitad. Esto, con el objetivo de que, si una espantaba al pato, la otra todavía pudiera observarlo. Además, no solo buscábamos individuos, también registrábamos rastros como plumas o heces sobre las rocas”, explica Valbuena.
Durante los recorridos, el equipo también evaluó las condiciones ambientales de los transectos para tratar de entender qué factores podían influir en la presencia o ausencia del animal: si el agua estaba turbia a causa de las lluvias; o la forma de las orillas; o, también, si había presiones como la ganadería y las basuras”, añade el biólogo.
Señales de un río saludable
“El monitoreo nos mostró que Merganetta armata aparece con más frecuencia en sitios donde el agua y el entorno se conservan en buen estado”, cuenta Leonor Valenzuela, doctora en ecología y coordinadora de análisis y síntesis en WCS Colombia.
Foto: Luis Javier Valbuena / WCS Colombia
Y agrega: “Nosotros agrupamos distintas variables relacionadas con la calidad del hábitat en un único valor llamado índice visual del cauce, y encontramos que la presencia del ave sí es mayor cuando este índice es más alto. Esto, en pocas palabras, nos indica un mejor estado del hábitat”.
Leonor también explica que variables como la estabilidad del cauce y la salud del agua les han ayudado a los investigadores a entender, con mayores razones, el porqué de la presencia o ausencia del ave. “Sumado a todo ello —concluye—, comprobamos y reafirmamos que la vida de este animal sí está asociada a ríos que aún poseen comunidades saludables de macroinvertebrados, y de los cuales depende, en muy buena parte, su dieta”.
Adicionalmente, los biólogos observaron señales positivas en varios componentes del ecosistema ribereño monitoreado, “sobre todo en lo que se refiere a una disminución gradual de la presencia de ganado y al aumento de la vegetación en esos mismos lugares. Todo esto contribuye a mejorar las condiciones del hábitat acuático”, menciona Valbuena.
“Son procesos que ocurren lentamente y que toman tiempo en consolidarse”, añade Valenzuela. “La recuperación de la vegetación de ribera o la reducción de ciertas presiones, ayudan a mantener la estabilidad del río y la calidad del lugar que necesita el pato de torrentes”.
Para los investigadores, tal panorama refuerza el valor de esta ave como un bioindicador, pues su presencia no solo depende de que el agua esté limpia, sino también de que los ríos tengan entornos sanos y conserven su dinámica natural, incluyendo a las comunidades de organismos acuáticos, que son claves para sostener la vida en estos ambientes.
Por último, otro muy importante resultado de este monitoreo ha sido la respuesta de las habitantes locales, quienes comenzaron a interesarse por el patico (muchos ya lo habían visto, pero pocos lo conocían detalladamente).
“Al ser tan bonito, con unos colores tan llamativos, las personas no solo se entusiasman; también aprenden sobre su importancia como un indicador natural de la buena calidad de los ecosistemas”, añade Valbuena.
El equilibrio de la naturaleza depende de múltiples relaciones que muchas veces pasan desapercibidas a nuestros sentidos. Por eso los bioindicadores son tan valiosos. Y de ahí que ver al pato de torrentes nadando hábilmente contra la corriente no solo sea una escena hermosa y sorprendente; además, representa la tranquilidad de saber que el río, así como sus alrededores, tienen las condiciones para que la vida, en toda su magnitud, pueda seguir prosperando.
Río Saldaña – Una cuenca de Vida es una alianza público-privada entre la Fundación Grupo Argos, Concretos Argos, Parques Nacionales Naturales de Colombia, Cortolima y WCS.