Un grupo de propietarios de fincas ubicadas en el sur del departamento del Tolima está demostrando que los ciudadanos también pueden conservar. Luego de convertir sus predios en Reservas Naturales de la Sociedad Civil, ellos le apuestan a la protección de bosques, ríos y especies únicas, al tiempo que innovan en prácticas que son más amigables con el medio ambiente. Conoce sus historias y cómo, desde sus propios terrenos, están cambiando el futuro de la biodiversidad colombiana.
Foto: Katherine Pérez / WCS Colombia
Por: Jacobo Patiño Giraldo
Colombia es un país dividido entre lo privado y lo público. Según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, de los ciento catorce millones de hectáreas que comprenden su territorio, el 47% del área rural está repartido en más de 3.6 millones de predios privados. Simultáneamente, es uno de los países más biodiversos del mundo, primero en especies de aves, orquídeas y mariposas, y segundo en anfibios, reptiles, peces de agua dulce, palmas y plantas en general.
Para guardar este tesoro, existe el SINAP, o Sistema Nacional de Áreas Protegidas, que incluye a los Parques Nacionales Naturales de Colombia, al igual que a las áreas protegidas regionales y locales que son administradas, respectivamente, desde lo departamental y desde lo municipal. En total, son casi quinientas áreas públicas, pero ¿qué hay de ese 47% que comprende la tierra privada rural del país?
Desde el año 1993, existe en Colombia la figura de la Reserva Natural de la Sociedad Civil (RNSC). En ésta, los propietarios pueden destinar voluntariamente una parte o la totalidad de su inmueble a la conservación, recuperación o uso sostenible de un ecosistema natural, al mismo tiempo que pueden proponer la inclusión de ese terreno en el SINAP. Esta figura, además, facilita el acceso a distintos beneficios, como participar en programas de conservación nacionales o solicitar exenciones tributarias. Hoy en día, hay más de mil trescientas en todo el territorio nacional.
Según Luis Javier Valbuena, profesional de monitoreo del programa Río Saldaña - Una Cuenca de Vida*, “al tener estas áreas de conservación, vamos a garantizar que no se siga perdiendo la biodiversidad, que podamos conservar algunos sitios estratégicos y que evitemos seguir fragmentando los hábitats”.
De las 15 familias que ya han recibido el apoyo del programa Río Saldaña para convertir sus fincas en reservas, siete han logrado tal distinción, contribuyendo así a conservar la biodiversidad en los ríos y montañas que emergen en el sur del departamento del Tolima, sobre la cordillera Central. En esta nota les contamos la historia de tres propietarios.
De finca a reserva
Buenos Aires es una finca cafetera ubicada cerca del municipio de Chaparral, Tolima. Actualmente tiene 4.9 hectáreas, y está bañada por dos quebradas que la delimitan por lado y lado. Sin embargo, para Luz Mila Sánchez, su propietaria, es mucho más. “Era la finca en la que vivíamos con mis padres: Luis Carlos y Leonor. Cuando mi papá fallece, a mí me queda en herencia la casa paterna y este terreno. Por lo tanto, es un predio que yo quiero muchísimo”, cuenta.
Ese mismo amor impulsó a Luz Mila a interesarse en la conservación. “Siempre me ha gustado que haya muchos árboles alrededor de la casa, porque me encanta la naturaleza y el verde. Todo eso nos ayuda a conservar y a producir más oxígeno. Yo me sueño viendo ese lote completamente convertido en un bosque”, añade.
Por medio de un contacto que Luz Mila tenía en la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima), ella se enteró que podía postular su finca para que fuera declarada Reserva Natural de la Sociedad Civil. A partir de ese momento comenzó un proceso en el que también conoció a Valbuena y al programa en mención. En sus palabras, “cuando yo me postulé, empecé a indagar por Internet qué es una reserva, cuáles son los beneficios… Eso ha hecho de que yo coja mucha confianza sobre este tema y me siento muy orgullosa de decir que mi predio es una Reserva Natural de la Sociedad Civil.
Foto: Luis Javier Valbuena / WCS Colombia
Por su parte, Flor María Aguirre, quien es propietaria de El Encanto, y para Fernando Gracia, propietario de San Ignacio, -fincas ganaderas en el municipio de Roncesvalles y Chaparral, respectivamente-, la historia fue muy similar. Impulsados por su ánimo de conservar, decidieron convertir sus tierras en reservas naturales. “Dejar la finca completamente para los animalitos, como un parque nacional, sería un sueño para mis hijos y para mí”, expresa Gracia.
A su vez, Aguirre y su familia ya habían comenzado las labores de restauración hace años, por lo que conseguir el título de reserva era el siguiente paso lógico. “Desde hace unos 25 años, y a base de talleres y de aprender que uno tiene que conservar, empezamos a sembrar árboles con proyectos que iban llegando,” relata.
No obstante, para postularse como reservas, las fincas deben saber lo que van a conservar. Por eso, con la ayuda de Río Saldaña - Una Cuenca de Vida, redactan un documento técnico que, entre otras cosas, sirve como un inventario de todo lo que vive allí. “La mayoría de los propietarios no tienen la capacidad de elaborar ese manuscrito, entonces Río Saldaña ayuda en todo el proceso de registro de la reserva”, explica Valbuena.
El siguiente escalón que hay que subir es la creación de un plan de manejo, que estipula las acciones que se deben tomar para asegurar la conservación o la restauración del ecosistema, y que varían según el objetivo de cada finca. Puede que unas estén más orientadas hacia el ecoturismo, mientras que otras busquen mantener su producción agrícola o pecuaria con prácticas amigables hacia la biodiversidad.
Con ese plan de manejo ya en mano, los propietarios de los predios quedan listos para participar en proyectos de entidades públicas o privadas que les ayudan a cumplir sus objetivos. “La persona puede ir a la alcaldía, a la gobernación o a la entidad que esté en el territorio para buscar quién lo apoyará con su plan. Por ejemplo, en Río Saldaña - Una Cuenca de Vida tenemos para este año proyectos de restauración con los que vamos a donar unas plantas para sembrar en las reservas. Y también vamos a implementar acciones para la coexistencia con animales como el puma, el oso y el águila”, agrega.
¿Por qué conservar?
Nuestro planeta se enfrenta a una crisis de pérdida de biodiversidad alarmante. Las poblaciones de animales silvestres han disminuido, en promedio en los últimos 50 años, un 69%, y la tasa de extinción de especies es de 100 a 1.000 veces más alta que en condiciones naturales. Y una de las causas determinantes para que esto esté ocurriendo es la pérdida de hábitats, es decir, la desaparición de los espacios y las condiciones necesarias para que los animales, las plantas y demás seres vivos, puedan vivir.
Foto: Sebastián Giraldo / WCS Colombia
Justamente, las RNSC responden a esto, sirviendo como islas de biodiversidad que mantienen a los ecosistemas naturales conectados y permitiendo el libre movimiento de la fauna silvestre. “Al garantizar estas áreas de conservación, vamos a evitar que se siga perdiendo la biodiversidad. Conservando algunas áreas estratégicas y restaurando otras, evitaremos la fragmentación de los hábitats”, comenta Valbuena.
Además, este tipo de reservas permiten proteger otro recurso vital: el agua. “Registrar una RNSC también nos va a ayudar a conservar los ecosistemas de agua dulce que se encuentran dentro de estas áreas, y con ello podremos garantizar una mayor cantidad y mejor calidad de ese recurso”, continúa.
Para el caso específico de las reservas de Chaparral y Roncesvalles, ambos puntos son altamente estratégicos, pues albergan -por ejemplo- especies endémicas o de gran utilidad para sus ecosistemas. “Aquí tenemos cinco aves que solo habitan en este lugar como la caminera tolimense (Leptotila conoveri) y la amazilia frentiazul (Amazilia cyanifrons). La primera quedó como la especie insignia del predio”, relata Sánchez.
Además de los beneficios ambientales, las RNSC pueden traerle otro tipo de ventajas y oportunidades a sus propietarios. Por un lado, ellos pueden acceder más fácilmente a programas de conservación, e incluso a pagos por servicios ambientales; y por el otro, también pueden recibir descuentos en sus impuestos prediales y participar en la toma de decisiones sobre el territorio. Según Valbuena, “ellos tienen voz y voto en la planeación y la ejecución de los planes de ordenamiento territorial, y tienen un consentimiento previo sobre las inversiones públicas que los puedan afectar.”
Para estos propietarios, sus reservas no solo contribuyen a salvaguardar la importante vida silvestre que subsiste en tierras tolimenses, sino que sirven, además, como modelos a seguir para sus comunidades. “Yo estoy convencida que este es un aporte al ecosistema, y aunque nos falte mucho, estamos ayudando a crear conciencia en las comunidades de que sí lo podemos hacer”, afirma Sánchez.
El camino por delante
El registro como Reserva Natural de la Sociedad Civil es solo el comienzo de un proceso de conservación a largo plazo, y cada uno de los tres propietarios tiene su propia visión a futuro para su finca.
Foto: Katherine Pérez / WCS Colombia
En el caso de Fernando Gracia, el sueño es destinar todo su terreno a la naturaleza, dejando por completo la ganadería. “Lo que queremos es que las 98 hectáreas de la finca sean una reserva. Eso sería ideal para el futuro de Chaparral, el Tolima y el planeta.”
Pero este no es el único camino. La producción agrícola y la conservación no tienen por qué ser antagónicas, pues existen prácticas sostenibles como las que Luz Mila Sánchez está implementando en su predio. “Estamos apostándole a la economía circular. Yo me he dedicado a trabajarle a la cereza del café, que es uno de los grandes contaminantes de las fuentes hídricas. Estamos haciendo productos alimenticios a base de este subproducto, como tortas, galletas y melados. Y se venden muchísimo, porque son muy innovadores”, sostiene.
Flor María Aguirre, por su parte, también mantiene prácticas sostenibles con su ganado, como alternar las áreas donde pastan las vacas, crear cercas vivas o sembrar árboles en los potreros, para que se mantenga su biodiversidad.
No obstante, espera que sus esfuerzos de conservación puedan ser reconocidos en forma de pagos por servicios ambientales -que son incentivos económicos dados por el Estado o entidades privadas para financiar proyectos relacionados al cuidado del medio ambiente-. “Sería muy bueno, porque así se animaría uno más a conservar, y los vecinos también verían que hay una reserva que no solo le está dando un servicio al ecosistema, sino que le genera un ingreso a la familia que es la dueña”, resalta.
En un país como Colombia, que alberga una biodiversidad invaluable en un territorio que es más privado que público, las Reservas Naturales de la Sociedad Civil son una respuesta valiosa a unos modos de producción que continúan fragmentando los ecosistemas. Sea impulsados por el amor a la naturaleza o por un legado de generaciones, personas como Fernando, Luz Mila y Flor muestran que la conservación puede venir de cualquiera que tenga la voluntad para transformar el campo colombiano.
*Río Saldaña – Una cuenca de vida es una alianza público-privada entre Parques Nacionales Naturales de Colombia, Cortolima, Fundación Grupo Argos, Concretos Argos y WCS.