En esta cuarta fase, y tras consolidar su trabajo en Santander, Antioquia, Cesar, Vichada, Arauca y el Putumayo, el PVS se extiende ahora al Casanare, otro sector de la Orinoquia, para trabajar hasta 2028 en la conservación de algunas especies paisaje, como el puma. Consolidar acuerdos de conservación, la restauración de bosques y el trabajo con las comunidades, para que sean los propios habitantes quienes se apropien de sus territorios, se encarguen del monitoreo de especies y lideren la conservación de la biodiversidad, serán, entre otras, algunas de sus prioridades.
Foto: "EL PATO" Salcedo / WCS Colombia
Por: Javier Silva
Viviana Sierra todavía recuerda un día del año 2024 en el que su hija menor de edad se encontró de frente con un jaguar, mientras el animal merodeaba su finca, situada en la vereda El Líbano, en Orito (Putumayo). La niña, en medio del miedo, no pudo describirlo más que como un “gato grande”. Y de paso, entendió por qué el perro de la casa estaba tan nervioso y ladraba sin parar.
El caso es que ese hecho que causó tanto impacto en la menor, para Viviana significó un cambio de vida. Porque, desde ese momento, no solo ató los cabos sobre la razón por la que algunos de sus pollos y gallinas aparecían muertos. Sino porque, además, el hecho la convenció de que debía organizar definitivamente su finca.
El Proyecto Vida Silvestre, una iniciativa liderada por Ecopetrol, Fondo Acción y WCS Colombia, que desde el 2014 busca generar impacto positivo sobre la biodiversidad y las comunidades en tres regiones del país: el Magdalena Medio, los Llanos Orientales y el Piedemonte Andino-Amazónico del Putumayo, trabajó con Viviana y su esposo, Gustavo Revelo, brindándoles una guía técnica para manejar mejor su tierra, ordenarla y construir, entre otros recursos, un cerramiento que ahora mantiene seguros a los animales domésticos y evita que se transformen en potenciales presas al moverse por cualquier parte.
Como contrapartida, y sin rencor ni ganas de venganza, Natalia y Gustavo se comprometieron a destinar 5 de las 10 hectáreas de su predio a la preservación y a restaurar una parte del hábitat natural del jaguar, por lo menos para que, en ese sector de la vereda, el felino pudiera transitar tranquilo, tuviera comida y no necesitara acercarse a los humanos.
Durante estos años, el PVS ha implementado muchas otras acciones, como las que desarrolló con la familia Revelo Sierra, enfocadas principalmente en la conservación de 15 especies paisaje de flora y fauna que se refugian en diversos y extensos territorios, algunas de ellas amenazadas o de importancia para ciertas comunidades humanas, por lo que su conservación ayuda a proteger automáticamente a muchas otras especies que comparten su entorno.
Debido a su impacto ecológico, actúan como indicadores clave de la salud de los ecosistemas. El PVS ha tratado entonces de mantener la biodiversidad en estas áreas estratégicas, al tiempo que los habitantes que dependen de esos recursos biológicos mejoran su nivel de vida.
Como la de Viviana, otras 115 familias lograron acuerdos similares para apoyar la preservación de la vida silvestre y consolidaron, en todas las áreas de trabajo, propuestas de conservación equivalentes.
Un cuarto momento
Hoy estamos hablando nuevamente del PVS porque la iniciativa comenzó una nueva etapa que amplía su horizonte: no solo logró fortalecer la alianza institucional público-privada en esas tres regiones mencionadas; también se expandió a otros territorios.
Foto: "EL PATO" Salcedo / WCS Colombia
En lo que sus gestores llaman su cuarta fase, que arrancó en enero de este año y se prolongará hasta finales de 2028, el PVS reduce acciones en un sector de la Orinoquia, más exactamente la cuenca del río Bita, en Puerto Carreño, así como en la zona de Nueva Antioquia (Vichada) y la vereda La Virgen (en Cravo Norte, Arauca), donde adelantaba trabajos por la protección de la danta de tierras bajas (Tapirus terrestris) y la tortuga charapa (Podocnemis expansa).
—La decisión se basa en la intención de permitir que las comunidades sigan adelante, impulsadas por su propia iniciativa, y más aún en este caso, en el que los pobladores han demostrado ser capaces de autogestionar sus planes de conservación— explica Leonor Valenzuela, coordinadora de análisis y síntesis de WCS. Ella cuenta que, de todas formas, el PVS seguirá respaldando y asesorando el trabajo comunitario, que, de ahora en adelante, será conducido por la Fundación Orinoquia Biodiversa (FOB).
El nuevo escenario del Proyecto Vida Silvestre, que sigue ubicado en la gran cuenca del Orinoco, es entonces Casanare, dentro de un área que abarca territorios del piedemonte de Yopal, Aguazul y Tauramena. Parte de este polígono de trabajo, de al menos 60 mil hectáreas, se ubica muy cerca de la frontera entre este departamento y Boyacá.
¿Por qué el Casanare?
Esta no fue una elección casual. El piedemonte casanareño reúne algunas de las condiciones que el PVS siempre ha buscado: biodiversidad, bosques todavía conectados, especies bajo presión, comunidades rurales interesadas en la conservación y uno de los corredores ecológicos más importantes que conecta los Andes con la Orinoquia.
El lugar sobrepasa los 900 metros sobre el nivel del mar y se acerca a los 1900 metros, con muchas pendientes, ríos como el Caja o el Cusiana (que desemboca en el río Meta), coberturas boscosas y una cultura que integra a llaneros y boyacenses.
Foto: "EL PATO" Salcedo / WCS Colombia
Mara Contreras, líder del PVS para este paisaje, dice que llegar a la región representa todo un reto por las implicaciones geográficas que aparecen, pero, al igual, significa una oportunidad para que el proyecto se involucre en otro punto geográfico nacional, que también es el hogar de un pez de agua dulce trascendental para la supervivencia local.
En el área están los parques naturales regionales San Miguel de Los Farallones y La Tablona — esta última resguarda una quebrada del mismo nombre que surte de agua potable a Yopal— los cuales podrían ser los primeros eslabones de nuevos corredores biológicos que ayuden a recuperar zonas afectadas por la deforestación, otrora causada por la venta ilegal de madera.
El PVS en Casanare —cuenta Mara Contreras— ya realizó caracterizaciones biológicas y encuestas para definir un perfil socioeconómico de algunas comunidades, luego de un trabajo técnico y social muy exigente, liderado en campo por biólogos de WCS y apoyado por la subdirección científica de la organización.
Y se definieron cinco especies paisaje, a partir de las cuales se hará todo el trabajo por la conservación, esto en alianza con los habitantes. Entre los resultados de esa caracterización figuran plantas lauráceas (laureles), que han disminuido debido a su venta y comercialización, y algunos roedores, como la lapa y el ñeque, cuyas poblaciones se redujeron y con los cuales hay algunos conflictos por herbivoría (la gente los caza como retaliación, cuando se comen sus cultivos de caña u otros productos).
Y como especie sombrilla ha sido escogido el puma (Puma concolor). Aunque él no tiene interacciones negativas reportadas hasta ahora, su protección o el mejoramiento de su hábitat se traduciría en beneficios directos para el resto de la fauna y la flora.
Próximamente se realizará el proceso de selección de las organizaciones que trabajarán en alianza en el PVS para la protección de estos animales y plantas y, de ahí en adelante, se definirán acciones para invitar a dueños de fincas y otros actores sociales a vincularse a los acuerdos de conservación y a las demás actividades que se proyecten.
Lorena Ortiz, bióloga, profesional en gestión ambiental y quien apoya técnicamente al PVS desde Ecopetrol, dice que la decisión de llegar a Casanare se debió a la motivación de estar presentes en un lugar cercano a donde la empresa opera o tiene incidencia.
En ese departamento, Ecopetrol desarrolla actividades de producción de petróleo y gas natural en los campos Cusiana y Cupiagua. Y explora nuevos yacimientos, como el pozo Liria YW12, en Aguazul, que confirmó la presencia de gas y petróleo livianos y dio origen al desarrollo del campo Recetor West.
—Ecopetrol debe cumplir algunos compromisos ambientales de carácter obligatorio. Pero, con el PVS estamos ejecutando acciones voluntarias en ese mismo lugar. Y, ante todo, con el objetivo de seguir fortaleciendo el relacionamiento con las comunidades locales en términos de restauración y de la creación de medios de vida sostenibles—, dice Lorena.
Restauración y acuerdos en Magdalena Medio
En Casanare, se dan de esta forma los primeros pasos en medio de un trabajo que, por ejemplo, comenzó hace una década en el Magdalena Medio, y donde el PVS se ha enfocado en restaurar la conectividad ecológica de una de las regiones más transformadas de Colombia.
Foto: "EL PATO" Salcedo / WCS Colombia
Por eso, este paisaje, circunscrito a Barrancabermeja, Puerto Parra y Cimitarra (Santander), así como Yondó (Antioquia), y con el manatí del Caribe, la marimonda del Magdalena o mono araña café (Ateles hybridus) —uno de los primates más amenazados del mundo—, el bagre rayado, el paujil de pico azul y especies forestales amenazadas de plantas, ya tiene muchas cifras para destacar: se han firmado 46 acuerdos de conservación, lo que equivale al 40% de todos los acuerdos firmados por el PVS, los cuales protegen 5.710,7 hectáreas de bosque.
Hay un proceso de restauración ecológica mediante la siembra de 47.334 plantas y la creación de tres viveros, que han permitido proteger 18 especies de fauna en peligro de extinción. El Proyecto de Vida Silvestre evitó allí un 75,3 por ciento de pérdida de bosques.
En el Magdalena Medio, entre otras cosas, se concentró la mayor parte de las acciones climáticas de esta iniciativa, orientadas a reducir las emisiones de dióxido de carbono, para lo cual se implementaron bancos de forraje, bosques productivos, biodigestores y acueductos para el ganado.
Al mismo tiempo, se fortaleció el tejido social, con la creación y el fortalecimiento de 25 organizaciones comunitarias, 545 personas capacitadas en temas medioambientales y 398 actores locales involucrados en el monitoreo para la investigación de especies como la tortuga de río y el manatí del Caribe. Asimismo, 398 pescadores ya implementan buenas prácticas para el uso sostenible de recursos pesqueros, como el bagre y el bocachico.
Es un trabajo que, de manera comprometida, ha buscado recuperar bosques y humedales, fortalecer corredores biológicos y promover sistemas productivos sostenibles que permitan la coexistencia entre las actividades rurales y la conservación de la biodiversidad.
Leonor Valenzuela, coordinadora de análisis y síntesis de WCS, dice que, debido a las acciones del PVS en esta región, las áreas de ocupación del paujil de pico azul y del mono araña aumentaron entre un 30 y un 60 por ciento. Por eso, la idea es replicar las estrategias de conservación en otras zonas y cubrir nuevas áreas
Uno de los principales ejes ha sido la conservación del bagre rayado y del manatí del Caribe (Trichechus manatus), ambos amenazados de extinción. Para ello, se ha hecho un monitoreo permanente de sus poblaciones, y se han protegido ciénagas y otros cuerpos de agua que son esenciales para la supervivencia de estas especies. Y, además, se han liderado procesos de educación ambiental y de trabajo con pescadores y comunidades locales, para reducir las amenazas que enfrentan estas especies.
—En el caso del bagre del Magdalena, ahora se busca llegar a zonas del río Sogamoso para expandir el modelo de protección e involucrar a nuevas comunidades. En resumen, reducir la intervención en territorios donde se han logrado cambios, para llegar a otros dentro del mismo paisaje—, agrega Leonor Valenzuela.
Foto: Proyecto Vida Silvestre
El proyecto también ha fortalecido el monitoreo de mamíferos mediante redes de cámaras trampa, una herramienta que permitió registrar especies emblemáticas como el jaguar (Panthera onca), el puma (Puma concolor), el ocelote (Leopardus pardalis), la danta de tierras bajas (Tapirus terrestris) y otras especies indicadoras de la recuperación del bosque.
María Antonia Espitia, líder del PVS para este sector del país, dice que los procesos de restauración ecológica seguirán, complementados con incentivos para la producción de miel de abejas en Yondó, ganadería sostenible y con la ampliación de los alcances del PVS a nuevas áreas, más estrictamente en humedales de Puerto Wilches y Sabana de Torres.
—Los objetivos de esta nueva fase son, entre otros, seguir fortaleciendo el monitoreo comunitario de la tortuga de río, el bagre rayado y el manatí del Caribe. Un sector de la comunidad también propuso una veda para el bocachico, -—es decir, una pausa en su pesca y comercialización para permitir que se reproduzca y asegurar su supervivencia —, que podría ser aprobada en los próximos días— explica María Antonia.
A todo esto, y a partir de lo que Leonor Valenzuela resaltó, se suma el fortalecimiento de la Red de Varamientos de Manatíes, teniendo en cuenta las afectaciones que podrían sufrir las ciénagas ante el descenso de las lluvias por el fenómeno de El Niño, lo que podría dar lugar a emergencias con esos mamíferos. María Antonia agrega que los temas de educación ambiental se reforzarán en las instituciones educativas y en los grupos comunitarios.
Los niños y el PVS
En esto coincide Natalia Ucrós, coordinadora de Niñez de Fondo Acción. Natalia señala que su organización estará trabajando en esta nueva fase solo en el Magdalena Medio, con el fin de que el respeto por los derechos de niños y niñas, de crecer en un ambiente sano, sea una realidad transversal en los objetivos de conservación de la biodiversidad del PVS en esta región.
Foto: Proyecto Vida Silvestre
—Queremos que niños y niñas que crecen en medio de las actividades del proyecto, y que han visto su desarrollo, logren convertirse en parte activa de las acciones de conservación. Nos hemos propuesto demostrar que sí se pueden hacer ejercicios intergeneracionales de conservación desde la educación ambiental, en los que los jóvenes formen parte de los monitoreos, expresen sus necesidades e intereses y protagonicen la difusión comunitaria que estos conocimientos requieren—, explicó Natalia.
Fondo Acción va a fortalecer a dos organizaciones de la zona que sean muy idóneas en temas de conservación, pero en las que la inclusión de niños y niñas sea un eslabón para incorporar. Lo anterior, para transferir a otros actores clave su metodología de educación ambiental, llamada Conecta Conserva, e intentar activar la participación de los menores de edad.
—Con el tiempo, y de acuerdo con la experiencia acumulada en la fase 3 del PVS, las organizaciones que se vinculen y que apliquen la metodología, descubrirán que pueden fortalecerse. Y terminarán comprendiendo que no existirá sostenibilidad si esta no tiene un enfoque intergeneracional, donde la participación de los niños y niñas no debe ser reservada para el futuro, sino para tenerse en cuenta hoy, porque ellos y ellas ya tienen, en el presente, el derecho y la capacidad para intervenir, asociarse y colaborar—, dice Natalia.
Viveros comunitarios en Putumayo
Con la influencia de Fondo Acción, esto ya está ocurriendo en la vereda El Líbano, de Putumayo, el territorio donde comenzó esta historia y donde Fondo Acción también realizó, hace unos años, un trabajo inicial en el marco del Proyecto Vida Silvestre.
Más de 650 personas han participado en las actividades del proyecto y cientos de ellas han recibido formación en producción sostenible, educación ambiental y fortalecimiento comunitario. Niños, jóvenes y adultos comenzaron a participar en jornadas de monitoreo, restauración y aprendizaje colectivo, consolidando una red de líderes que hoy entiende que la conservación no depende únicamente de las instituciones, sino también de las decisiones que se toman todos los días en cada finca.
Foto: "EL PATO" Salcedo / WCS Colombia
En esta región andino-amazónica se consolidaron 34 acuerdos de conservación, casi una tercera parte de los vigentes en el proyecto PVS, mediante los cuales las familias decidieron proteger más de 820 hectáreas de bosques y reservas naturales, además de restaurar cerca de 15 hectáreas de ecosistemas degradados.
A ese esfuerzo se sumaron la siembra de 22.642 árboles nativos y el fortalecimiento de dos viveros comunitarios, que hoy abastecen los procesos de restauración y ayudan a recuperar corredores por los que se desplazan especies como el jaguar, el puma y muchas otras que dependen de la continuidad del bosque.
Se establecieron 28 iniciativas productivas sostenibles en 18 predios, centradas principalmente en sistemas agroforestales de cacao y café, una apuesta que permite combinar la producción con la conservación, mejorar los ingresos y hacer frente a los efectos del cambio climático.
Hoy, en el paisaje de Putumayo se concentran acciones que contribuyen a la protección de 40 especies de fauna amenazadas, el mayor número registrado por el Proyecto Vida Silvestre en cualquiera de sus paisajes de intervención, lo que indica que la recuperación del bosque también se refleja en el buen estado de la biodiversidad. Ese proceso no habría sido posible sin el fortalecimiento de las organizaciones locales.
Jahel García de la Hoz, especialista en procesos sociales y líder del PVS en Putumayo, explica que la participación de la gente es, tal vez, el principal activo del trabajo en la vereda El Líbano.
—Los habitantes de la región y los representantes del PVS hemos entendido que el trabajo por la conservación de las especies no tendría sentido si no se hace junto con sus habitantes—, comenta Jahel.
Quizá por eso, cuando Viviana Sierra recordó el día en que su hija se encontró frente a frente con un jaguar, ya no habló solo del miedo. Habló de un animal que le cambió la manera de mirar el bosque, y que hoy se empeña en proteger.
Por el momento, las actividades del PVS en esta región buscan extenderse a dos comunidades adicionales a El Líbano: Campobello y La Silvana, dos veredas más de Orito.
Allí —agrega Jahel García de la Hoz— se realizarán monitoreos de la fauna local y actividades de restauración ecológica que se apoyarán precisamente en los dos viveros comunitarios consolidados. También, trabajos para afinar los procesos de coexistencia con felinos, montar un campo escuela para la enseñanza de la agricultura orgánica y reforzar el funcionamiento de Ecolíbano, en el que un grupo de vecinos de El Líbano se ha dado a la tarea de diseñar un sistema de recolección de residuos.
Una oportunidad que abre esta ampliación del polígono de trabajo en Orito es que en La Silvania está la sede de la Institución Educativa Nueva Silvania —donde los jóvenes de las veredas vecinas terminan su bachillerato—, y que se caracteriza por su énfasis dirigido a la conservación ambiental y donde se destaca el funcionamiento en sus instalaciones de un Ecoclub y un sendero ecológico. Allí se trabajará en el mejoramiento del Proyecto Ambiental Escolar (PRAE).
Foto: "EL PATO" Salcedo / WCS Colombia
Una parte del trabajo se apoyará en los colectivos Gallito de Roca y el Colectivo de Mujeres para la Protección del Mono Chorongo, que nacieron en El Líbano y ahora podrán hablar de sus experiencias y compartir conocimientos con las dos nuevas veredas que se integran.
Así, con muchos logros y decenas de planteamientos, el Proyecto Vida Silvestre inicia una nueva etapa que multiplica su misión e incluye un desafío distinto al de hace una década: no solo conservar especies, sino lograr que cada vez más comunidades encuentren en la biodiversidad una oportunidad para construir su propio futuro. *