Desde tiempos ancestrales, las comunidades humanas han utilizado la construcción de acuerdos como una estrategia clave para garantizar la conservación y el equilibrio en sus interacciones con el entorno.
Estos acuerdos surgen de la necesidad de corregir relaciones que, por su desequilibrio, generan afectaciones a una persona, un grupo o incluso a todo un ecosistema. Cuando estas formas de interacción resultan perjudiciales, se hace indispensable replantear principios, establecer reglas claras y definir formas de actuar que promuevan la armonía, asegurando un intercambio donde el dar y recibir beneficie a todos.
Foto: Ángela Álviz
Entonces, se entiende por acuerdo de conservación al pacto que se concreta entre el PVS y los dueños de predios de manera voluntaria y conjunta. Los propietarios se comprometen a dar aportes, como, por ejemplo, destinar parte de sus predios a la conservación. A cambio, reciben asesoría en diferentes temas, algunos de ellos relacionados con mejorar la productividad de sus fincas o la interacción con depredadores como el jaguar.
Su alcance se refleja en la consecución de metas de conservación en un predio, una microcuenca, una cuenca o incluso un paisaje. Además, con ellos no solo se benefician directamente quienes los suscriben. Su utilidad también repercute en terceros.
Durante los 10 años del PVS se han firmado un total de 166 acuerdos de conservación, que resguardan hoy 67660 hectáreas de 3 paisajes. En los Llanos Orientales se han firmado 49 acuerdos (45185 hectáreas), en Magdalena Medio 63 acuerdos, que suman 15936 hectáreas protegidas y, en Putumayo, 54 acuerdos, que cubren 924 hectáreas. Hoy, hay 118 acuerdos de conservación vigentes en los tres paisajes, que suman 34530 hectáreas.
Los acuerdos de conservación se firman además con el objetivo de desarrollar acciones pertinentes para la protección de 15 especies paisaje del PVS, promover la conservación de sus hábitats y reducir las presiones como la tala o la cacería.