WCS Colombia, en colaboración con Turtle Survival Alliance (TSA) y Rainforest Trust, crearon la reserva La Carranchina, al adquirir un predio rural que se ha transformado en una zona de reserva para la especie. Esta es la primera y única área en el país destinada a la conservación de esta tortuga.
Está ubicada en el municipio de San Benito Abad (Sucre), en un área de distribución natural de la tortuga.
Según estudios sobre genética del paisaje, la afectación sobre el reptil, en Peligro Crítico de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se debe a la fragmentación sufrida por el bosque donde habita. Esto ha causado, como principal consecuencia, la división de sus poblaciones en al menos seis grandes grupos que están aislados y cuyos individuos han tenido que reproducirse entre parientes (endogamia). Esto ha incrementado la probabilidad de que adquieran genes defectuosos que podrían derivar en enfermedades, cambios físicos o incluso en la muerte.
Foto: Daniël Nelson
Para mitigar esta situación, en la reserva se han establecido, poco a poco, ejemplares de diferentes grupos poblacionales de la especie, nunca emparentados, para que entre ellos pueda existir un intercambio sano y apropiado.
Ante la desaparición de su entorno tradicional, muchas de las Mesoclemmys dahli se han tenido que amoldar a condiciones ambientales diferentes, optando por vivir en potreros donde intentan desplazarse sin mucho éxito. Y precisamente, la idea con esta zona de protección es recuperar y proteger su hábitat. También darles nuevas oportunidades de reproducción a las que han quedado aisladas y ahora viven en sitios transformados.
Foto: Daniël Nelson
A esto se sumaría un monitoreo para saber si la población comienza a aumentar con la protección. De paso, se transformaría en una prueba que podrá despejar dudas y perfeccionar la toma de decisiones de manejo para la carranchina en otros sectores del norte del país.
Paralelamente a este objetivo, WCS Colombia trabaja con ganaderos para proteger el poco bosque seco que ha resistido las intervenciones humanas y en recuperar la vegetación ribereña por medio de acuerdos que permitan destinar porciones de terrenos a la conservación del reptil.