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Posted on octubre 30, 2019 13:51

El objetivo es instalar transmisores a seis individuos, un ejercicio inédito en el país en el que participa WCS Colombia, y que permitirá conocer el comportamiento de la especie, su rango de hogar, las relaciones con el paisaje, tomar medidas de conservación y reducir el conflicto con los humanos. Un oso bautizado como Xué ya está enviando señales de sus desplazamientos por el páramo, en tiempo real.



 

Ver un oso de anteojos caminando por el páramo, o dentro de un bosque alto andino del Parque Nacional Natural Chingaza, no era usual hasta hace unas décadas. Muchos científicos que trataron de estudiarlos debían limitarse a descubrir sus huellas, a analizar la vegetación, sus excrementos o algunas de sus rutas, porque seguirlos o verlos de cerca no estaba dentro de las posibilidades.

 

Pero, las cosas han cambiado. Porque aunque lo normal es que siempre esté lejos de los humanos, los encuentros entre el mamífero y las personas son ahora menos extraordinarios dentro de esta área protegida, situada a pocos kilómetros del centro de Bogotá.

 



Cálculos teóricos han indicado que allí deberían vivir, al menos, 10 osos. Sin embargo, personal técnico del área protegida, e incluso campesinos que habitan en sus alrededores y la recorren, dicen que en el parque y su zonas adyacentes se refugian al menos unos 30 individuos. Sin que haya sido probado, esta cantidad, considerada alta, podría atribuirse a los programas de protección y al buen estado del área protegida. 

Ahora hay más osos. Pero, irónicamente, hay poca información sobre su comportamiento. Es por eso que, por primera vez en la historia del país, personal especializado del Zoológico del Parque Jaime Duque, Universidad de Arizona, ProCAT Colombia, el Zoológico de Phoenix y el Reid Zoo Park, de Tucson, también en Arizona, coordinados por Iván Mauricio Vela-Vargas, experto en osos e investigador de WCS Colombia, están liderando un trabajo para evaluar cómo los osos se desplazan en el paisaje. Y para lograrlo, se trabaja en la instalación de collares satelitales a ejemplares de la especie para hacerles un seguimiento que permita saber cómo están percibiendo su entorno y cuáles son sus movimientos dentro de Chingaza o en sus zonas de influencia.

“Queremos generar nuevas estrategias de manejo con base en sus desplazamientos y con ayuda de esta telemetría satelital, sabiendo sus preferencias sobre el hábitat y con qué frecuencia recorren zonas pobladas. También, intentamos saber si son grupos de osos que están aislados o tienen contacto con otros que habitan en lugares que limitan con Chingaza, datos que nunca se han logrado certificar y tener como sustento”, explicó Mauricio Vela, para quien este trabajo representa, al mismo tiempo, la columna vertebral de su tesis doctoral.

Protocolos estrictos

El primer collar se instaló en julio pasado en un oso de aproximadamente 100 kilogramos que se identificó como Xué, en honor al dios Muisca del Sol. El aparato envía información en tiempo real durante el día, e indica por dónde se mueve el oso, lo que permite saber el rango de su hogar.  Y por esto ya se sabe, por ejemplo, que Xué a veces camina entre 7 y 30 kilómetros.  

Poner un transmisor de este tipo a un animal como un oso de anteojos, no es fácil, pero tampoco implica una presión excesiva sobra cada uno de ellos.


Mauricio Vela explica que ese procedimiento está enmarcado dentro de protocolos que garantizan y respetan el bienestar de los individuos, con altos estándares éticos y de manejo, liderados  por un veterinario.

El plan es instalar otros cinco collares a igual número de mamíferos en el transcurso de los próximos meses del 2019 y comienzos del 2020. Idealmente, aunque no es obligatorio, a tres machos y tres hembras.

Todo este ejercicio tiene otros componentes más allá de seguir de cerca a la especie. Y es darle un manejo adecuado al territorio, con la generación de datos que lleven a la creación de medidas transversales para todas las autoridades ambientales para que ellas trabajen, en un futuro cercano, bajo modelos estandarizados.

Además, como la conservación de Tremarctos ornatus (así se le conoce científicamente al oso andino) no solo se limita a esta área protegida, las conclusiones del estudio servirán para tomar medidas de protección en los otros departamentos del país donde ese gran mamífero hace presencia. Esta es una especie Vulnerable a la extinción, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).


Hay otro fin, y es conocer detalles sobre las razones que han llevado a que se produzca el conflicto oso-humano, porque aunque quienes habitan por fuera del Parque Chingaza siempre perciben al animal como una amenaza, muchas veces el choque con él se produce por un mal manejo del ganado.

“Hemos conocido casos en los que el oso ha atacado a ovejas o vacas, hechos muy esporádicos. Pero también sabemos de situaciones en las que esos mismos animales han muerto luego de recibir un manejo inadecuado en el campo y no por el oso, a quien en ocasiones se acusa sin argumentos de esas muertes. Estar seguros de todo esto es parte del ejercicio con el que intentamos buscar soluciones”, comentó Mauricio Vela, quien opina algo más:  “la conservación no puede limitarse a abrazar árboles. Debemos ofrecer  oportunidades de manejo para las especies, pero también oportunidades de progreso para las comunidades.  Conocer más sobre el comportamiento del oso nos llevará hacia el cumplimiento de ese objetivo”.

Posted in: Oso Andino
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