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Posted on octubre 05, 2020 11:05

Esta área nacional protegida situada en Caldas tiene la mayor cantidad de especies amenazadas por hectárea de estos pequeños vertebrados en Colombia. A través de la Estrategia de Conservación de Anfibios, WCS, Corpocaldas y Parques Nacionales Naturales han lanzado una cruzada, en equipo con las comunidades, para recuperar sus poblaciones.


Andinobates daleswansoni

Entre Pensilvania y Samaná, en Caldas, y en medio de una región muy lluviosa,  cobijada por una extensa selva húmeda tropical de la que se nutre el río La Miel (uno de los cientos de afluentes del Magdalena), aparece el Parque Nacional Selva de Florencia, siempre reconocido por albergar una de las poblaciones más importantes de ranas en nuestro territorio.

Allí se han registrado 27 especies, 8 de ellas endémicas (solo viven en esta parte del planeta), un número nada despreciable para una zona de reserva que no pasa de las 10 mil hectáreas (cabría 426 veces dentro del Parque Nacional Chiribiquete, el más grande del país). Sin embargo, de ese total identificado hasta ahora, 13 están ‘En peligro crítico’ de extinción y 6 ‘En peligro’. Otras 5 fueron catalogadas como ‘Vulnerables’. En conclusión: son números que la ubican como el área protegida con la mayor cantidad de anfibios amenazados por hectárea en Colombia. 

Hay muchas presiones que han llevado a que esto ocurra, como la contaminación y la deforestación. Y por eso, WCS, Corpocaldas y Parques Nacionales Naturales, a través de la Estrategia de Conservación de Anfibios, que apoyan el Zoológico de Zurich y Fundación Santo Domingo, han lanzado una cruzada, en equipo con las comunidades, para aislar quebradas, sembrar plantas nativas y controlar el avance del ganado, con la intención de recuperar las poblaciones de esas especies impactadas, algunas de ellas venenosas y otras caracterizadas por sus colores.

Esto se enmarca dentro de una grave perspectiva nacional: y es que de las aproximadamente 850 especies de anfibios que han sido reportadas hasta el momento en nuestros 32 departamentos, al menos 290 de ellas (27,7 %) se encuentran en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Por eso, la Estrategia de Conservación también hace monitoreos e investigación  en los parques  nacionales Tatamá y Farallones de Cali, con significativas poblaciones de ranas en situación de riesgo y donde se desarrollan planes de conservación en el terreno (in situ) para reducir sus amenazas.

 

Acciones para restaurar los bosques


En Selva de Florencia, que celebra 15 años de creación, hay fincas privadas que se extienden dentro y fuera del polígono de preservación.




Dice el jefe del Parque, Hugo Ballesteros, que, muchas veces, las vacas lecheras que deberían permanecer resguardadas, se les deja salir a pastorear sin control; momento en el que no solo contaminan las fuentes hídricas. En ese instante, también suelen pisotear los suelos de los bosques y, de paso, dañan el hogar de los pequeños anfibios que usualmente se refugian entre la vegetación o en el agua que baja por las quebradas. Por eso, una de las primeras acciones ha sido diseñar acuerdos de conservación que se firmarían a lo largo de octubre con los dueños de cuatro predios, a través de los cuales ellos se comprometen a destinar una parte de sus fincas a la conservación.

Precisamente, Jhony Albeiro Arias Ortegón, del grupo de Biodiversidad y Ecosistemas de Corpocaldas, explica que la entidad entrará a participar respaldando esos convenios. “Porque nos interesa la participación de las comunidades en el cuidado del medioambiente y porque confiamos que este sea un ejercicio que se pueda replicar en otros escenarios. Veremos su efectividad y los resultados que pueda tener la interacción que tendremos con otras entidades”, explicó.

Algunos de los terrenos con cuyos dueños se firmarán esos compromisos están situados en la esquina suroccidental del parque y uno de ellos por fuera de su superficie resguardada. Se identificaron como La Quiebra-La Divisa-La Bonita (de 182 hectáreas), El Rocío (40 ha) y La Esperanza (45 ha).

Entre todos, destinaron algo más de 250 hectáreas para la preservación, donde se harán cerramientos que protegerán bosques y aislamientos de quebradas.

En esas tierras se ven, entre otras, las ranas endémicas Gastrotheca bufona, Andinobates  daleswansoni, Atelopus sonsonensis, Pristimantis parectatus, Rhinella macrorhina,  Pristimantis  tribulosus y Pristimantis  actinolaimus.


Pristimanis tribulosus


"Aquí todavía la palabra de la gente vale y por eso lo más seguro es que veamos un gana-gana: ellos se beneficiarán principalmente al lograr un manejo más adecuado de su territorio y las especies encontrarán un mejor lugar para desarrollarse”, agrega Ballesteros.


Él se refiere, entre otras cosas, a que en el sector se ha impulsado la construcción de viveros que permiten la siembra de plantas nativas y la reforestación de microcuencas. “Se están rescatando plántulas, se siembran en esos viveros para que crezcan y se desarrollen, para luego trasplantar los ejemplares a sitios estratégicos o de restauración, aledaños a fuentes hídricas. Esto ayuda a mejorar la conectividad de los parches de vegetación que existen y a resguardar las ranas”, explicó Gustavo González, especialista en anfibios de WCS Colombia.

Los propietarios protegerán los bosques y las plantas sembradas, velarán por el control de su ganado, para que no llegue al bosque, e igualmente mejorarán el uso del agua.

“Esto evita que avancen procesos erosivos, se desperdicie el líquido y, con el aislamiento de bosques con materiales inertes o de plástico, se podrá lograr una restauración de la flora que favorece la conformación de corredores biológicos y de paso la tala de especies como el sietecueros, muy usado para cercar”, dice Jhon Fredy Ríos, consultor de WCS para esta implementación.


A cambio de esas intenciones a favor de la naturaleza, los dueños de las tierras reciben la instalación de bebederos de agua y de sistemas para un mejor manejo de este recurso, con tal de que los semovientes no deban ir a calmar la sed en las quebradas. También, se les construyen saladeros para la alimentación de los animales, que al estar mejor resguardados y construidos reducen el desperdicio de sal y de otras sustancias utilizadas para el sustento del ganado.

“Este es el primer proyecto que se desarrolla en la zona para la protección de los anfibios. Y es importante porque, además, con el trabajo a favor de las ranas, se contribuye con la protección del último cinturón de bosque pluvial andino para esta parte del Eje Cafetero”, agrega Jhon Fredy, quién comenta que todo el trabajo se complementa con talleres de sensibilización para actores en el territorio y la divulgación por radio y grupos de WhatsApp de seis mensajes institucionales que envían una enseñanza a los campesinos sobre el valor de las especies. “Normalmente la gente no las valora porque no las conoce, y eso es precisamente lo que ya comenzamos a cambiar", comenta.

 P. veletis


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