Habitantes del Magdalena Medio y del Valle del Cauca integran siete Comunidades Energéticas (CE), con las cuales comenzaron a recibir beneficios económicos y ambientales, luego de instalar equipos para la generación de energía solar. Con este recurso sostenible están produciendo y vendiendo hielo, sacando agua potable del subsuelo, mejorando el servicio en hospedajes ecoturísticos, reduciendo el costo de sus facturas de energía y hasta apoyando la pesca artesanal.
Foto: Yelsin Salgado / WCS Colombia
Por Javier Silva
Los pescadores de Bocas del Carare, o los que llegan desde Barrancabermeja o San Rafael de Chucurí hasta esta vereda de Puerto Parra, en Santander, situada a orillas del Magdalena, saben lo que significa llevar hielo en sus canoas.
No es un lujo. A veces, almacenarlo entre remos y anzuelos puede hacer la diferencia entre que el pescado se pierda o se conserve en buen estado, mientras las jornadas de pesca se alargan; son momentos en los que las atarrayas no pueden descansar y los hombres tienen que pasar la noche o la madrugada aprovechando esas faenas con las que pueden llenar sus embarcaciones con decenas de bagres, dorados o bocachicos.
En una zona del país donde las temperaturas superan los 40 grados centígrados a la sombra, en la que el servicio de energía no es constante y, a veces, “la luz se va” por más de tres días, la refrigeración adquiere un valor trascendental.
Sorani Gil supo que, en medio de ese escenario, había una oportunidad. Y que “vender frío” podía ser una opción para prosperar.
Por eso, como integrante de la Asociación de Mujeres Emprendedoras de Bocas del Carare (Asomucare), y en equipo con el resto de las integrantes de la organización, ella y sus compañeras están produciendo ese hielo tan codiciado, vital para los habitantes de la localidad.
Foto: Yelsin Salgado / WCS Colombia
Instalaron paneles solares en el techo de la sede de la organización, que surten de energía a dos refrigeradores que ofrecen varios servicios. Se destaca el hielo, recurso que venden con mucho éxito y se agota muy rápido.
—Pero, además, con esos dos aparatos brindamos a los habitantes refrigeración por horas (para kilos de carne, pollo o pescado). También, la gente viene y carga sus linternas, computadores portátiles o celulares; y compran helados o bolis— cuenta Sorani.
Con esa misma energía solar pueden prender algunos bombillos y electrodomésticos en la panadería y el restaurante que igualmente administra Asomucare.
Dándole vida a esta nueva oportunidad para conseguir un dinero extra, Sorani y sus compañeras forman, a su vez, lo que se llama una Comunidad Energética (CE), bautizada por ellas como ‘Asomucare Ecoenergético’, que, de paso, y con esos mismos equipos solares, redujo casi a cero el valor de la factura de la energía que deben pagar mes a mes.
Foto: Yelsin Salgado / WCS Colombia
De tener que cubrir recibos mensuales con tarifas entre 120 o 180 mil pesos, pasaron a pagar 8 mil pesos. Es el sol refrescando las finanzas de un grupo de mujeres e irradiando beneficios.
Ese cambio es, además, el resultado de un esfuerzo del Proyecto Vida Silvestre (PVS)*, que además de asesorar la creación de Asomucare Ecoenergético, permitió consolidar otras cinco CE en esta zona del Magdalena Medio; a las que se suma una más en el Valle del Cauca.
Cómo se gestaron las Comunidades Energéticas
Las CE son un grupo de personas que se unen y se organizan para aplicar una tecnología con la que pueden generar energía renovable y con la que tienen dos opciones: autoabastecerse impulsando sus proyectos productivos existentes para mejorar sus ingresos (como el de Sorani y sus compañeras) o generar energía para venderla a la red.
La figura de CE fue creada para Colombia por el Gobierno Nacional, a través del Decreto 2236 del 2023, que define sus requisitos y lineamientos de operación. Y ha sido reglamentada mediante otros decretos expedidos durante los últimos tres años, algunos de los cuales siguen en ajustes.
Mientras el Estado escribía las reglas, el PVS hacía el trabajo en el territorio. En diciembre de 2023, un equipo de WCS entregó el estudio de identificación y priorización de potenciales comunidades energéticas; en ese momento se analizaron 16 grupos comunitarios.
Ese mismo año hizo la selección de posibles beneficiarios y durante el 2024 concertó con sus potenciales integrantes sus objetivos; también los capacitó en gobernanza, aspectos técnicos y sostenibilidad.
Foto: Yelsin Salgado / WCS Colombia
Las CE que se gestaron desde el PVS, y que ya trabajan con equipos de generación eléctrica basados en paneles solares, o sistemas fotovoltaicos autónomos para impulsar diferentes actividades productivas en Puerto Parra, se llaman ‘Ecomacías’ (con 8 mujeres emprendedoras a la cabeza, habitantes del sector de La Sierra); ‘Amigos de la Ciénaga’, con sede en Ciénaga de Chucurí, que es una CE con sistemas fotovoltaicos para tres viviendas, que alimentan, además, biodigestores, neveras y congeladores. Incluso, allí cuentan con un sistema de bombeo solar.
Se suma la CE ‘Ecoenergías del Carare’, cuyo fin es la generación de energía fotovoltaica para extraer agua potable del subsuelo a través de una bomba (50 metros cúbicos al día) y así poder surtir un acueducto local que beneficia a 170 familias en Bocas del Carare.
Otra de las CE que favorece la vida de 150 pescadores y sus familias se denomina ‘Brisas del Río Magdalena’. Adicionalmente, figura ‘Ecoenergía Pescomagda’ (con 21 pescadores); ambas son de Barrancabermeja. Estas últimas tienen un enfoque dirigido a la generación de frío para conservar alimentos. Y en ciertos casos, los paneles suplen otro inconveniente, y es que reemplazan, con la energía solar, la cocción de alimentos con gas, un servicio que implica costos muy altos.
Completa el grupo de CE del PVS los emprendimientos agrupados con el nombre de ‘Farallones de Vida’, que ofrecen turismo de naturaleza y que funcionan en diferentes predios y sedes a lo largo de La Leonera, Felidia y La Elvira (corregimientos de Cali), muy cerca del Parque Nacional Natural Farallones. Esos emprendimientos se llaman Bichacue Yath, Finca Elphaba, Essence Life, Reserva Natural Los Yarumos, Pénjamo y Reserva Natural El Porvenir.
Al escuchar a Mariú Gómez, una de las voceras de ‘Farallones de Vida’, se puede concluir que todas estas iniciativas, a pesar de que invitan al turista a actividades diferentes o planes diversos, tienen varios propósitos que las reúnen: la educación ambiental, el ecoturismo, la conservación del bosque, la observación de aves y la promoción de la sostenibilidad.
—Desde la conformación de la comunidad energética, que nos dotó de paneles solares y que cada iniciativa o emprendimiento usa para mejorar sus servicios, la energía dejó de ser un gasto para convertirse en un activo —, dice Mariú.
Durante años, ella y sus vecinos cuidaron el agua, los bosques y la biodiversidad. Sin embargo, seguían dependiendo de una energía costosa e inestable. La comunidad energética, entonces, les permitió cerrar ese círculo: ahora, agrega Mariú, la conservación se apoya en una infraestructura energética limpia, con termotanques solares de 200 litros que usan para calentar el agua que llega a las duchas de sus hospedajes, y otros equipos eficientes para encender electrodomésticos en sus cocinas o las luces de las habitaciones o de los restaurantes.
Foto: Yelsin Salgado / WCS Colombia
Podría decirse que, así como en Santander producen principalmente hielo y reducen costos, y en el Valle del Cauca mejoran servicios, a las CE de ambas regiones las unen muchos logros, entre los que se destaca el fortalecimiento de su autonomía. Al cierre del primer semestre del 2026, las siete CE del PVS han logrado impactar de manera positiva los medios de vida de más de 1.200 beneficiarios.
Desde el equipo de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos de la Gerencia de Gestión Ambiental de Ecopetrol, destacan que este sería uno de los pocos ejercicios documentados en Colombia que vinculan a las CE con la conservación de especies amenazadas y, además, uno de los primeros en documentar, con evidencia financiera, la autogestión de fondos de esas mismas comunidades. Y es que las organizaciones que participan son las mismas que protegen el bagre rayado, el manatí del Caribe y la tortuga de río en el Magdalena Medio, y varias actúan como coinvestigadoras locales en el monitoreo de esas especies.
La lógica es directa: si la energía solar mejora los ingresos de una familia de pescadores (refrigeración del producto, respeto de la veda o menos pérdidas), la conservación deja de ser un costo y se vuelve parte de la sostenibilidad de la familia.
Este resulta ser un ejercicio en el que las CE funcionan como un incentivo de conservación práctico para avanzar en la transición energética desde el territorio, pero a partir de Soluciones Basadas en la Naturaleza, concluye la entidad.
El reto para su subsistencia
Ernesto Ome, especialista en Iniciativas Productivas de WCS Colombia, se refiere a un tema crucial: cada una de las CE del Proyecto Vida Silvestre (PVS) obtuvo del Ministerio de Minas y Energía (MME) su categorización como Comunidad Energética en Operación, dentro del registro oficial que administra esa cartera.
Foto: Yelsin Salgado / WCS Colombia
—No se trata de un trámite simbólico: es la acreditación formal ante el Estado de que las soluciones energéticas instaladas sí funcionan, y con la que se les habilitan ventajas legales y regulatorias concretas—agrega Ome.
Aquí surge un reto. Con la infraestructura instalada, los integrantes o beneficiarios de la CE deberán aprender a administrarla, a hacerla crecer y a rendir cuentas sobre sus propios fondos, para que los sistemas sigan operando cuando el PVS termine sus fases y se retire eventualmente de la región.
Es por esa razón que, en estos momentos, cuando el PVS ha arrancado una cuarta fase, parte de la labor de los profesionales que lideran la iniciativa estará dirigida a acompañar a las CE y a promover su fortalecimiento financiero. Esto incluye la posible activación de microcréditos productivos y el perfeccionamiento de los registros contables.
—Una prueba de fuego llegará entre los años 3 y 6 de operación, cuando sea necesario reponer baterías y equipos: allí se sabrá si los fondos autogestionados, reforzados con microcréditos y posibles recursos públicos, serán suficientes para sostener el sistema—, opina Ernesto Ome
Según el Ministerio de Minas y Energía, 18.460 grupos de habitantes se habían registrado en todo el país para transformarse en una CE desde el 2023. De estas solicitudes, este Ministerio priorizó 2.475 e inició la construcción de 1.000.
Sin que se sepa cuántas de ellas podrían ser una realidad antes de que termine el 2026, al menos hay certeza en que las Comunidades Energéticas (CE) de todo el Magdalena Medio que trabajan bajo la promoción del PVS, ya pueden convertirse en un laboratorio regional, regido por la idea “energía para conservar”, y en un modelo replicable en otros paisajes, incluido Casanare, lugar en el que el proyecto acaba de multiplicar sus alcances.
Por ahora, y mientras todos esos esfuerzos y propuestas se fortalecen y logran perdurar en el tiempo, Sorani y sus compañeras de Asomucare seguirán vendiendo hielo producido con energía solar, y en La Leonera o Felidia los visitantes tomarán una ducha con agua caliente matizada por el mismo sol que les da vida a los bosques.
Todo, mientras las comunidades energéticas han empezado a demostrar que la transición hacia una economía más sustentable puede medirse de una forma distinta: no necesariamente en kilovatios generados, sino en oportunidades concretas para quienes se enfrentan a la realidad de los territorios.
Foto: Yelsin Salgado / WCS Colombia