Experiencias de WCS en Bolivia, Brasil, Colombia y Ecuador muestran por qué reconocer los conocimientos, las realidades y la capacidad de decisión de las mujeres indígenas es parte fundamental de una conservación más inclusiva y conectada con los territorios.

En América Latina viven más de 28 millones de mujeres indígenas, según ONU Mujeres. A través de actividades cotidianas vinculadas al uso y manejo de los recursos naturales, la alimentación, el cuidado, la transmisión de conocimientos y la relación con el territorio, sus prácticas contribuyen a la gestión de algunos de los ecosistemas con mayor biodiversidad del mundo, a lo largo de la Amazonía, los Andes y muchos otros territorios de la región. Sin embargo, muchas de estas contribuciones se han asumido como parte natural de sus roles dentro de las comunidades, sin ser necesariamente reconocidas como conocimiento o como aportes a la conservación, incluso por las propias mujeres o por estructuras de liderazgo tradicionalmente ocupadas por hombres. Esta falta de reconocimiento se suma a brechas en el acceso a la tierra, los espacios de participación y la toma de decisiones, pese a que sus conocimientos y prácticas pueden marcar una diferencia concreta en la manera en que los territorios son comprendidos y gestionados.
Esta realidad lleva a preguntarse: ¿qué significa, en la práctica, garantizar una participación efectiva de las mujeres indígenas?
La respuesta va más allá de asegurar su presencia en reuniones, talleres o consultas. Implica reconocerlas como titulares de derechos, productoras de conocimiento y participantes activas en las decisiones que afectan sus territorios y comunidades.
Este fue uno de los temas abordados durante el webinar regional Conservación con Igualdad e Inclusión: Herramientas y Aprendizajes de América Latina, organizado por WCS, que reunió experiencias de distintos equipos de la región sobre la incorporación de enfoques de género e inclusión en la conservación.
Territorios diversos, desafíos compartidos
Las experiencias compartidas por los equipos de WCS en Bolivia, Brasil, Colombia y Ecuador muestran algunos de los aprendizajes que surgen al buscar una participación más efectiva de las mujeres indígenas en la conservación. Cada una pone la atención en aspectos diferentes, desde su participación en la generación de información y conocimiento hasta las condiciones que les permiten ser escuchadas e incidir en las decisiones sobre sus territorios.
En Brasil, uno de los aprendizajes ha sido la importancia de involucrar a las mujeres indígenas desde las primeras etapas de las iniciativas de conservación que se desarrollan junto con sus comunidades. Esto supone incluir sus voces desde el momento en que se genera la información que permitirá comprender el territorio, identificar necesidades y orientar las acciones que se desarrollarán en él. De esta manera, sus experiencias y perspectivas pueden formar parte de las decisiones desde el inicio, y no quedar por fuera cuando estos procesos se concentran únicamente en quienes tradicionalmente ocupan los espacios de representación y liderazgo.
En Colombia, una de las experiencias ha recurrido al concepto de sentipensar el territorio, que propone comprenderlo no solo desde lo que las personas conocen, sino también desde las historias, memorias, experiencias y vínculos de quienes lo han habitado. Esta mirada permite complementar la información técnica con otras formas de conocimiento y entender mejor cómo las comunidades viven, usan y se relacionan con los ecosistemas sobre los que se toman decisiones, entre ellas, las de conservación.
En Ecuador, la experiencia pone la mirada en aspectos cotidianos, pero determinantes. El horario de una reunión, las responsabilidades de cuidado en el hogar o el idioma en el que se desarrolla una actividad pueden definir quién puede estar presente y quién queda por fuera. Considerar estas particularidades permite entender que, dentro de una misma comunidad, no todas las personas tienen las mismas condiciones para participar. Reconocer las barreras específicas que enfrentan las mujeres es entonces un primer paso para adaptar los espacios y mecanismos de participación a sus realidades y favorecer una participación más efectiva e inclusiva.
En Bolivia, el punto de partida ha sido entender cómo se relacionan la participación de las mujeres y las formas propias de organización y gobernanza de los pueblos indígenas. Promover una mayor participación no implica desconocer estas estructuras, sino trabajar a partir de ellas y del diálogo con las comunidades para encontrar formas de ampliar la voz y la incidencia de las mujeres, respetando los derechos colectivos y las particularidades culturales de cada pueblo indígena.
Participar también significa poder decidir
Participar va más allá de estar presente en una reunión o ser parte de una actividad. Significa poder compartir experiencias y conocimientos, acceder a información y tener una voz real en las decisiones sobre el territorio. Para lograrlo, también es necesario reconocer que los cambios y riesgos ambientales no afectan a todas las personas de la misma manera: el género, la cultura, las responsabilidades dentro de la comunidad y las condiciones socioeconómicas influyen en cómo se viven y enfrentan estos impactos.
Entender estas diferencias también requiere información que permita saber quiénes participan, quiénes quedan por fuera y qué barreras enfrentan. Contar con datos diferenciados por género, edad u otras características puede revelar aportes y desigualdades que de otra manera permanecen ocultos. Pero generar y visibilizar esta información también exige proteger la privacidad y la seguridad de las personas y comunidades involucradas.
Incorporar estas preguntas desde el diseño de los proyectos (y no como una consideración posterior) permite comprender mejor las distintas formas en que las mujeres indígenas se relacionan con el territorio, reconocer conocimientos que suelen quedar fuera de los análisis y generar condiciones para una participación más efectiva. La perspectiva de género e inclusión social se convierte así en una forma de entender mejor el territorio y de tomar decisiones de conservación con una mirada más completa e incluyente.
En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Indígena, estas experiencias nos dejan una reflexión: avanzar hacia una conservación con mayor equidad implica reconocer los conocimientos, prácticas y aportes de las mujeres indígenas, asegurar que sus voces sean escuchadas y generar condiciones para que puedan participar e incidir efectivamente en las decisiones sobre sus territorios. No se trata solo de dar mayor visibilidad a su participación, sino de reconocer y fortalecer una contribución que ya existe y que puede hacer una diferencia en la forma en que se comprende, gestiona y conserva el territorio.
Estas y otras experiencias sobre cómo integrar la igualdad de género y la inclusión en la conservación fueron parte del webinar regional Conservación con Igualdad e Inclusión: Herramientas y Aprendizajes de América Latina. Mira el webinar completo y conoce los aprendizajes compartidos por los equipos de WCS en la región.
Wildlife Conservation Society (WCS)
WCS combina la fuerza de sus cuatro zoológicos y un acuario en la ciudad de Nueva York con un Programa Global de Conservación que opera en más de 50 países para avanzar en su misión de conservar la vida silvestre y los ecosistemas naturales. WCS lidera el programa de conservación en campo más grande del mundo y contribuye a proteger más del 50% de la biodiversidad conocida del planeta, en alianza con gobiernos, pueblos indígenas, comunidades locales y el sector privado.
Su trabajo se articula a través de programas regionales, entre ellos el Programa Regional Andes, Amazonía y Orinoquía (AAO), que integra el trabajo de WCS en Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú y articula iniciativas y acciones de conservación en paisajes prioritarios de esta región.
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