CARRANCHINA

Mesoclemmys dahli

Es una tortuga continental endémica de Colombia, su distribución se extiende a varios departamentos en la región del Caribe. Se caracteriza por su cabeza grande en proporción al caparazón, con tímpanos que representan el 23-26% de su longitud. El caparazón es bajo, a veces con una quilla apenas visible en jóvenes y una depresión dorsal en adultos. Los machos son más pequeños que las hembras, con colas más largas y gruesas, y un plastrón más escotado.

Habita en pequeños pozos, quebradas y arroyos temporales o permanentes, con corrientes lentas y vegetación de ribera en bosques secos y paisajes de lomerío. Es onmívora, por eso se alimenta de caracoles, crustáceos, insectos acuáticos, renacuajos, ranas, alevinos y pequeños peces, carroña y ocasionalmente de material vetegal. De esta forma, contribuye con el control de poblaciones de insectos y evita la propagación de vegetación acuática. Así mismo, con el reciclaje de nutrientes y la dispersión de semillas.

Está en Peligro Crítico, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. En Colombia, puede verse en Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena y Sucre.

Foto: "EL PATO" Salcedo / WCS Colombia

Para su conservación, WCS monitorea anualmente sus poblaciones ubicadas en las localidades de Bajo Limón (Córdoba); Chimichagua (Cesar) y San Benito Abad (Sucre).

Para la localidad de Chimichagua (Cesar), WCS ejecuta un programa de restauración, promoviendo el hábitat natural de la tortuga y ayudando a cuidar los arroyos. Este trabajo se ha realizado con propietarios locales, los cuales han apoyado voluntariamente acuerdos de conservación.

Adicionalmente, en el año 2020, se adquirió un predio ubicado en la zona de San Benito Abad (Sucre), donde se creó la Reserva Natural La Carranchina, siendo esta la primera área protegida enfocada en el cuidado y conservación de esta especie.

Foto: Daniël  Nelson

En esta reserva se han adelantado procesos de restauración, acuerdos de conservación con propietarios y, finalmente, un ejercicio de rescate genético pensado para mitigar el declive que viene presentando la especie.

Con el trabajo realizado en Chimichagua, se lograron acuerdos de conservación con 9 propietarios, que han permitido proteger un total de 394 hectáreas. En ellas se han ejecutado aislamientos permanentes de las quebradas, para protegerlas del ganado. Y procesos de restauración, con la siembra de 8000 árboles desde el comienzo de las implementaciones en 2017.

En la Reserva La Carranchina se está realizando el cuidado y restauración activa de 120 hectáreas. Así mismo, se ha trabajado de la mano con la comunidad con la apertura de un vivero apoyado por los propietarios locales.