EL ÚNICO OSO EN SURAMÉRICA

 

Jardinero de los bosques y guardián de los páramos.

El oso andino (Tremarctos ornatus) es una de las 8 especies de osos que existen a nivel global. Es la única especie de oso que se distribuye en Suramérica y el único representante viviente de los osos de cara corta (Tremarctinae).

A pesar de que se clasifica dentro de los carnívoros, su dieta es omnívora y particularmente especializada en el consumo de plantas o frutas; ocasionalmente consume proteína animal.

Como único úrsido (miembro de la familia Ursidae) presente en Suramérica, se distribuye a lo largo de la cordillera de los Andes (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y el norte de Argentina), desde los bosques secos interandinos y desde los 200 metros de altitud. También ocupa bosques húmedos, subandinos y andinos, hasta ecosistemas de alta montaña, como páramos y punas, para llegar incluso a los 4000 metros de elevación.

Los osos andinos tienen el pelaje normalmente negro, pero puede variar desde café hasta el rojizo. Y hay algunos reportes de osos casi blancos (albinos).

Además, presentan manchas color crema en su rostro —las cuales les dan uno de sus nombres comunes (oso de anteojos)—, en el  pecho y la mandíbula. Estas manchas son únicas para cada individuo y por eso son el equivalente a las huellas dactilares de los humanos.

Dentro de los ecosistemas que habita, desempeña papeles ecológicos muy importantes, entre ellos, la dispersión de semillas. Dado el alto consumo de frutas y fibras vegetales,  transportan las semillas en su sistema digestivo (por más de 20 kilómetros) y así ayudan a activar procesos de germinación en las mismas. Cuando defecan, las semillas crecen y permiten la regeneración natural de los bosques.

Sumado a su papel como dispersor de semillas, los osos, al ser de gran tamaño (entre 20 y 120 kilogramos) y poseer hábitos arborícolas (son de las especies de osos que más trepan en los árboles), abren hoyos en el dosel de los bosques. De esta forma, permiten la entrada de la luz solar al suelo, un hecho que activa procesos de desarrollo de plántulas y arboles jóvenes, que ayudan a la renovación de los bosques.

Foto: Julie Larsen Maher / WCS

A pesar de ser una especie carismática, el oso andino esta catalogado como una especie Vulnerable (VU) a la extinción, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Esto implica que sus poblaciones son propensas a descender en cerca de un 30 por ciento durante las próximas 3 generaciones o en los próximos 30 años.

Esto se debe a la constante pérdida de sus hábitats naturales, la cacería ilegal, las interacciones negativas que tiene con comunidades humanas y el cambio climático.

En Colombia, la especie es considerada Vulnerable a la extinción, según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (Decreto 0126 de 2024) y la Sociedad Colombiana de Mastozoología.

Una de las principales causas de interacción entre osos y humanos es el ataque y/o carroñeo de animales domésticos en zonas alejadas. Estas interacciones llevan a la cacería retaliativa de individuos silvestres, hecho que perjudica a las poblaciones de la especie y causa afectaciones económicas entre los campesinos.

Para la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS), el oso andino se considera una especie focal o especie sombrilla, es decir, requiere de varios ecosistemas para su supervivencia, porque su movilidad abarca grandes extensiones. Requiere hábitats específicos para su reproducción y alimentación y es indicadora del estado de conservación de los lugares donde habita.