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Posted on octubre 30, 2019 13:49

Con el apoyo de WCS Colombia, comunidades de Quindío, Risaralda y Caldas, y también del Valle, ayudaron a investigadores de las Corporaciones Autónomas Regionales a detectar poblaciones de la especie, para hacer un análisis de su estado y definir medidas de conservación.


Hace dos meses, los integrantes del Concejo Municipal de Pereira aprobaron un proyecto de acuerdo poco usual: en un primer debate, de dos posibles, decidieron que la pava caucana, una especie que sólo vive en Colombia (endémica) y muy especialmente en Risaralda, se iba a convertir en el ave insignia de la ciudad, en su emblema.

La idea intenta generar sentido de pertenencia entre la ciudadanía por sus recursos naturales y tal vez lanzar una alerta por la preservación de Penelope Perspicax, como se le conoce científicamente, cuyas poblaciones se han reducido a tal punto que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la considera una especie En Peligro de extinción.

Pero los concejales pereiranos no son los únicos preocupados por el futuro de la pava. El Sistema Regional de Áreas Protegidas del Eje Cafetero (SIRAP EC), las Corporaciones Autónomas de Risaralda (CARDER), del Quindío (CRQ), del Valle (CVC) y Parques Nacionales Naturales, con la  participación de WCS Colombia, también comenzaron a trabajar recientemente por su rescate, con una iniciativa inédita en el país: se trata de un monitoreo de especies focales, en el que Penelope es protagonista. 


Fueron muestreados sectores de la reserva Barbas-Bremen, situada entre Quindío y Risaralda; de San Marcos, también en este último departamento, así como zonas de Corozal (Caldas) y Ulloa, en el Valle del Cauca, con el fin de saber cuál es la situación real de la especie, por dónde se mueve, cuál es su ocupación y, de paso, ajustar acciones hacia su conservación que partan de un principio real.

Los habitantes de la zona resultaron claves en este ejercicio, porque a través de celulares o sistemas de GPS que aprendieron a manejar con la ayuda de los investigadores, se unieron al trabajo técnico y  pudieron tomar datos acerca del animal durante sus caminatas habituales por los sitios elegidos. Las jornadas comenzaban muy temprano, sobre las 6 de la mañana, hora en la que el ave también comienza a estar activa dentro del bosque.

La pava caucana es determinante para la naturaleza,  porque es una intensa dispersora de semillas y así permite que la flora del bosque siempre esté renovándose. Y esto ocurre porque se alimenta de frutas, algunos invertebrados, hojas y de unos 80 tipos distintos de plantas, cuyas semillas transporta y va depositando en diferentes lugares a través de sus excrementos.

Sin embargo, por su tamaño y la calidad de su carne, que la hacen ser parte de los galliformes, ha sido objeto de una cacería intensa y constante para consumo de subsistencia. Además, su hábitat ha sido deforestado, entre otras cosas, por el avance de las actividades agrícolas. Esto ha aislado a muchas poblaciones en parches de bosque, lo que al mismo tiempo ha causado problemas para su reproducción.

El Libro Rojo de Aves de Colombia es contundente frente a la situación de la especie, que antes de los años 90 algunos habían considerado extinta. Este documento explica que si se toma en cuenta su distribución histórica, incluyendo las tierras bajas de los valles del Cauca, Dagua y Patía, la pava caucana ha perdido el 95 por ciento de su hábitat. Por esta razón, se estima que su población es inferior a 2500 individuos maduros.

Sin embargo, es en esta gran zona situada en la cuenca media del Otún, lugar en el que está el Parque Regional Ucumarí y el Santuario de Flora y Fauna Otún Quimbaya, los bosques de Yotoco, en el Valle del Cauca, así como  los de Bremen y el Cañón del río Barbas, en el Quindío, donde las poblaciones se han sostenido, sin que se tenga certeza o datos exactos sobre este repunte. 

Por lo mismo,  es que este ejercicio que lidera el SIRAP adquiere mayor sentido.

Leonor Valenzuela, investigadora de WCS, explica que una de las primeras conclusiones que arrojó el monitoreo es que la pava requiere para sobrevivir y desplazarse, al menos, áreas o parches de bosque superiores a las 50 hectáreas.

Se comprobó, además, que en Ulloa es donde hay la mayor pérdida de hábitat, y ahora solo quedan áreas muy pequeñas para albergar la especie. 


“Por su parte, en Barbas Bremen y San Marcos, la especie tiene buenas poblaciones, sin que con esto podamos decir que no hay amenazas como la perdida de aquellos árboles frutales que sostienen su alimentación”, explicó.  

Leonor Valenzuela agrega que se sabe que de no lograr áreas extensas de bosque donde la pava pueda vivir con tranquilidad, se tendrá que buscar la creación de un corredor o la unión estratégica de pequeñas porciones de bosque que le permitan ir de un lugar a otro. 

Todo lo anterior son datos preliminares que, además, constituyen una experiencia piloto que será la base de una metodología mucho más gruesa que se ejecutará en los próximos meses, esto con el fin de lograr cifras definitivas.

 Porque la pava no solo merece ser el emblema de una ciudad o un símbolo en un escudo. Antes que todo eso, debe ser un organismo vivo con un futuro cierto.

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