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Posted on enero 23, 2020 16:28

Este hogar de bosques, aves, anfibios y mamíferos, y que le da agua a varios acueductos en Salamina (Caldas), se enfrenta a la deforestación y a la presión agrícola. WCS Colombia la incluyó como área prioritaria en el trabajo que desarrolla para la identificación de la  Estructura Ecológica Principal de la Subregión Norte de este departamento y como parte de un contrato  con la Corporación  Autónoma Regional de Caldas (Corpocaldas).


Desde hace algunos años, El Gigante, un lugar habitado por bosques y arbustales andinos situado en Salamina, entre las veredas El Cedral, Palosanto y La Quiebra,  ha estado en la mira de muchas personas del común, entidades públicas y organizaciones ambientales, que han llamado la atención sobre su valor ecológico, tema trascendental para Caldas.

Dentro de un ejercicio que busca identificar la ‘Estructura Ecológica de la Subregión Norte’ en ese departamento, WCS Colombia también ha calificado a esta área como fundamental, porque, entre otros aspectos, allí crecen robles, una especie que poco se ve ahora en Colombia, pues ha sido sobreexplotada para ser usada como carbón vegetal y talada para introducir cultivos. También, en ese lugar corren muchas quebradas: El Canelo, La Bella, Monte Loro y Tesalia, son algunas de ellas. Pero las más conocidas son Chagualito y Boquerón, cuyas aguas deberían ser prioritarias dado que surten a sectores urbanos y acueductos rurales.

 

Además, en El Gigante habita una cantidad importante de especies de aves, mamíferos, reptiles e insectos que representan un activo para la biodiversidad de la región.

 

En septiembre pasado, la Corporación Autónoma Regional de Caldas (Corpocaldas), después de un proceso que comenzó en 2015 y que implicó meses de discusiones, declaró a ese lugar como un área protegida. Lo hizo por medio de una figura denominada Distrito de Conservación de Suelos.

 

Dicho Distrito abarca 729 hectáreas, que representan toda una ganancia para la región. Pero, al mismo tiempo, son todo un reto, ya que deberán ordenarse y manejarse adecuadamente para resguardar y recuperar todos sus recursos biológicos, sin que ello sea un obstáculo para su desarrollo económico.  

 

Hogar de especies endémicas


Según modelos de distribución de especies realizados por WCS Colombia, en El Gigante se ha contabilizado una diversidad de flora y fauna importante. Sin que sean cifras definitivas, se han visto 4 especies de anfibios, 47 de aves, un poco más de 40 de plantas y 5 de mamíferos.


Sobresale un roedor conocido científicamente como Nephelomys childi, endémico para nuestra nación. Igualmente, Cryptotis medellinius, una musaraña que solo se ve en Colombia. Y una abeja sin aguijón llamada Melipona nigrescens, también exclusiva del país.



 

Y se destacan algunos anfibios. Uno de ellos, según Gustavo González, investigador de WCS Colombia para este grupo de animales, es un ejemplar del género Bolitoglossa sp. Es una salamandra –más antiguas que las ranas– que podría ser una especie nueva, colectada hace algunos años. Sin embargo, aún no ha sido publicado el estudio taxonómico de su descripción. Es delgada, no tiene pulmones y, por lo tanto, respira a través de la piel (cutánea). Además, posee una lengua muy larga que equivale a la mitad de su cuerpo.

 

Y a todo ello se sumaría un anfibio similar a Pristimantis paisa que, según estudios recientes, es un anuro cuya distribución estaría restringida a Antioquia, por lo que la especie reportada en El Gigante sería nueva para la ciencia.  

 

Pero a estos valores que destacan su riqueza biológica y que a la postre fueron clave para lograr la declaratoria, se suma otro atractivo fundamental. Silvia Álvarez, investigadora de WCS y quien lidera la identificación de la Estructura Ecológica Principal de la subregión Norte, explica que El Gigante se ha transformado ahora en una pieza clave, algo así como el eslabón de una cadena en la secuencia de una serie de reservas forestales protectoras entre las que sobresalen Tarcará y El Diamante, que forman 14 áreas núcleo y que se extienden, además, por Aranzazu, Pácora y Aguadas, municipios vecinos a Salamina.

 

Cultivos  y más retos


La riqueza de toda la región es evidente. Y la creación de El Gigante como zona de reserva también resalta por su trascendencia. Sin embargo, se produce en un momento determinante porque la condición actual de las coberturas naturales  del área no es la mejor.

 



Como muchos otros lugares de su tipo en Colombia, los ecosistemas andinos que allí han existido vienen sufriendo una intensa influencia humana desde hace más de 500 años. Y por esa condición, se estima que allí ahora tan solo perdura el 21 por ciento de los ecosistemas naturales originales. Esto, debido a la deforestación que le ha dado paso a los cultivos agrícolas y a la ganadería.

 

Adicionalmente, han venido ocurriendo, en los últimos tiempos, innegables alteraciones en los ciclos hidrológicos del municipio con precipitaciones menores a la tendencia histórica, según lo ha registrado el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam). Y aunque el municipio de Salamina tiene 22.600 hectáreas declaradas como reserva forestal, estas han sido seriamente degradadas y no hay intentos diferentes para incluirlas dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas SINAP.

 

La declaratoria como Distrito de Conservación de Suelos no restringe necesariamente actividades productivas como, por ejemplo, el cultivo de aguacate hass que impulsan en la zona algunos empresarios. Y tampoco busca erradicar las hectáreas agrícolas instaladas desde hace años. Entonces, “lo que sigue es construir la zonificación del lugar y su régimen de uso, y así poder alcanzar los objetivos de preservación. En últimas, buscamos que todas las actividades productivas que allí se desarrollen sean sostenibles ambientalmente”, explicó Jony Albeiro Arias Ortegón, del grupo de Biodiversidad y Ecosistemas de Corpocaldas.

 

La Corporación indicó, además, que habrá una regulación especial que evite el desabastecimiento de agua para la población, y que también detenga la contaminación del recurso hídrico.

 

Para preservar los bosques primarios, agregó el funcionario, el establecimiento de la agricultura deberá realizarse en praderas o lotes que fueron dedicados a ganadería extensiva o potreros sin uso. Y los productores tendrán que velar por la protección del agua, de las cuencas hidrográficas o microcuencas ubicadas dentro de sus predios. Así mismo, respetar los mínimos de Franjas Forestales Protectoras, reglamentadas en los Planes de Ordenamiento Territorial municipales y los exigidos por la autoridad ambiental.



 

Estos predios, además, deberán georeferenciarse y ajustarse a una zonificación de aptitud, según la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA).


Por ser parte de la Estructura Ecológica Principal de Caldas, WCS Colombia explica, además, que en El Gigante se deberán recuperar, mínimo, el 50 por ciento de las condiciones naturales de bosques y arbustales, principalmente hacia las microcuencas. Y un primer paso para lograrlo será la protección del 17% de los bosques húmedos existentes. Se calcula, además, que un territorio de un poco más de 900 hectáreas que limita con el nuevo Distrito merece un cuidado especial porque allí podría estar parte de su nueva zona de amortiguación.

 

El plazo para realizar un plan de manejo, con tal de que todos los objetivos de conservación y producción sostenible se puedan alcanzar, será de un año. Todo un reto, toda una prueba que buscaría que El Gigante siga siendo el verdadero coloso biodiverso del norte de Caldas. 

 

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