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Posted on noviembre 18, 2020 13:55

Dos biólogos recién egresados de la Universidad Nacional diseñaron y editaron, con recursos propios, un exitoso libro que describe a 20 especies de vertebrados que viven en Bogotá. Su promoción se ha hecho a través de WhatsApp, redes sociales e impulsada por el voz a voz. Sus autores quieren que llegue a muchas escuelas y colegios, porque todas las imágenes de la publicación son para colorear. Preparan un segundo libro enfocado a las aves de la ciudad.

Ilustración tomada del libro Mamíferos de Bogotá; y dónde encontrarlos (Sara Acosta y Rodrigo Mutis).

A Sara le interesa la zoología y le gusta ilustrar. Y Rodrigo se enfoca en la ecología y le va bien con el diseño. De esta mezcla de pasiones por los animales y de habilidades por el dibujo y el buen gusto, nació un libro: Mamíferos de Bogotá; y dónde encontrarlos.

No se trata únicamente de una guía que muestra a algunos de los vertebrados de este grupo taxonómico que tienen a la ciudad como hábitat. Asimismo, es un documento que permite poner a prueba la imaginación para colorearlos. Una buena combinación para dar información, crear conciencia sobre la importancia de la fauna local y ofrecer un poco de diversión.

Los autores, Sara Acosta y Rodrigo Mutis, son dos biólogos recién graduados de la Universidad Nacional, que se propusieron este proyecto como una forma de contribuir con la educación de estudiantes de escuelas y colegios.

“Nos motivamos a hacerlo por la falta de apropiación que hemos notado entre la gente y entre los mismos biólogos por la fauna que está en zonas sensibles de Bogotá, que muchas veces prefieren estudiar animales de otras regiones como Chocó o el Amazonas. Y eso no está mal, pero las especies locales también merecen atención”, comenta Rodrigo, hoy director de Herencia Ambiental, y  quien informó que en diciembre podría salir un segundo ejemplar enfocado a las aves.

Inicialmente, el libro fue distribuido como un PDF, pero con el tiempo lograron imprimir 2 mil ejemplares, todo autogestionado y financiado por ellos mismos y con dinero que les fue donado por amigos, familiares e incluso por algunos de sus profesores. Se ha compartido a través de Whatsapp, por las redes sociales y mediante la fuerza informal del voz a voz. Se puede descargar gratuitamente o comprar impreso por 25 mil pesos.

75% de Bogotá es rural

Tal vez una de los mensajes más relevantes de la publicación es que les muestra a sus lectores la existencia de especies que posiblemente muchos bogotanos no conocían o no sabían que tenían muy cerca de sus viviendas, ya sea en los humedales que aún sobreviven entre las avenidas y a pesar del  crecimiento de barrios y urbanizaciones, o en los Cerros Orientales y en páramos aledaños a la urbe como Chingaza o Sumapaz.

 

Ilustración tomada del libro Mamíferos de Bogotá; y dónde encontrarlos (Sara Acosta y Rodrigo Mutis).


No hay que olvidar que de las 163 mil hectáreas que tiene Bogotá (el área que ocupan, aproximadamente, 340 mil canchas de fútbol), el 75 por ciento son rurales, donde habitan no más de 60 mil personas. En el 25 por ciento restante viven 7 millones o un poco más.

Según la Secretaría Distrital de Ambiente, la capital posee una diversidad de ecosistemas que asciende a más de 90 tipos rurales y 400 urbanos, en donde se resguardan 600 especies de flora y potencialmente 200 de fauna (números que pueden variar), de las cuales un poco más de la mitad corresponden a mamíferos, muchos de ellos clasificados bajo algún grado de amenaza.

Por eso, Acosta y Mutis destacan en su publicación a 20 de ellos, a quienes llaman por sus nombres científicos y comunes. En ella recopilan datos sobre su ecología, como por ejemplo, de qué se alimentan, si viven en bosques andinos, pastizales, ríos, quebradas o en la zona urbana, o si se desplazan especialmente de día, sobre los árboles, si andan en grupo o son solitarios, así como sus lugares de resguardo, entre otros datos.


¿Seguro compartimos espacio con un puma?

No es muy usual que Bogotá se relacione con ser el hogar de un tigrillo (Leopardis tigrinus). ¡Pero sí! Vive en los Cerros Orientales; es el más pequeño de los felinos manchados. Allí comparte espacio con el zorro cangrejero o zorro perruno, más emparentado con los lobos que con los zorros del hemisferio norte.

Y más exactamente en los alrededores de lo que se llama popularmente como la ‘selva de cemento’, es decir, en zonas muy apartadas de la urbe, se puede ver al puma (Puma concolor), el segundo mayor felino en el continente americano, que recorre el páramo de Sumapaz. Allí también se tuvieron hace décadas registros y se colectó un craneo de una danta de páramo (Tapirus pinchaque), el más pequeño de los tapires que viven en Colombia, bajo amenaza y en peligro de extinción, sin que hasta el momento esa descripción o datos sobre su presencia en la zona hayan sido reafirmados. 

Las 40 páginas destacan dos especies de murciélagos, de las 23 existentes: el frutero bogotano (Sturnira bogotensis) y el nevado (Lasiurus cinereus). El primero es un dispersor de semillas con las que ayuda a regenerar la flora del bosque. Y el segundo, a veces visto en algunos parques, come polillas y otros insectos (controla plagas), vuela a gran velocidad y tiene un pelaje oscuro con puntas blancas, de donde se deriva su nombre común. Claro que no es  un ‘rolo puro’, porque sus poblaciones se extienden entre Canadá y Argentina.


Vivía una nutria, pero desapareció

Un mamífero famoso que refuerza su condición como uno de los más carismáticos en la capital es el venado de cola blanca (Odocoileus virginianus), habitante del Parque Nacional Chingaza y en la localidad de Sumapaz, un comedor de hojas, con cuernos de hasta 60 centímetros y muy veloz, capaz de correr a 60 kilómetros por hora. Y no es posible hablar del venado sin relacionar su hábitat con el del oso andino (Tremarctos ornatus), el único oso de América del Sur, vital para sostener la flora del páramo por ser un eficiente dispersor de semillas, una animal tímido, muchas veces solitario, que huye ante la presencia de los humanos.

 

Ilustración tomada del libro Mamíferos de Bogotá; y dónde encontrarlos (Sara Acosta y Rodrigo Mutis).


El texto recoge igualmente la existencia de un grupo importante de pequeños mamíferos como la ardilla de cola roja (Notosciurus granatensis), el borugo (Cuniculus taczanowskii), el coatí (Nasuella olivacea), la comadreja de cola larga (Mustela frenata), el conejo de páramo (Sylvilagus apollinari), el curí (Cavia aperea), la musaraña (Cryptotis thomasi), la zarigüeya andina (Didelphis pernigra) y el zorrillo rayado (Conepatus semistriatus). Y dos ratones: el campestre bogotano (Nepmicroxus bogotensis) y el montañero (Thomasomys laniger).

 

“Mucha gente no respeta a algunos de estos animales porque creen que son ratas gigantes o roedores sobrealimentados, especialmente a las zarigüeyas. Creemos que si hay información adecuada de cada una, el riesgo sobre ellas puede comenzar a desaparecer”, explica Rodrigo.

Un dato entre curioso e infortunado es el que entrega el texto sobre la existencia en el río Bogotá, hasta hace algunos años, de la nutria (Lontra longicaudis), que incluso podía resguardarse en algunos humedales. Pero la contaminación del caudal la extinguió localmente.

Aquí es justo resaltar una de las frases de Rodrigo, cuando dice que mucha gente no conoce ni reconoce lo que tiene. “Por eso, —opina— parte de lo que debemos hacer para conservar esos recursos naturales y biológicos  es aprender de ellos, porque falta mucha información sobre su biología; mostrar su importancia, como parte de una estrategia de sensibilización ambiental”. Además, porque la suerte de esta nutria no la merece ni  puede ser la misma para todas esas especies bogotanas que ahora tenemos la oportunidad de pintar, y de las que nos deberíamos sentir plenos y orgullosos. 

*Para comprar el libro impreso, comuníquese con Rodrigo Mutis al celular 316-5320228

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