Paisajes

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Posted on abril 21, 2021 13:55

El proyecto ‘Río Saldaña - Una cuenca de vida’ está estudiando la calidad de este recurso vital en los ríos Siquila, Amoyá y Cucuana, como un primer paso para identificar las principales presiones que lo afectan y ayudar a las comunidades a cuidarlo. Primeros resultados indican que donde hay bosques conservados, el agua es de mejor calidad.



Los ríos Siquila, Amoyá y Cucuana descienden sobre escarpadas montañas de la Cordillera Central, en tierras del Tolima. Los tres desembocan en las corrientosas aguas del Saldaña, el principal afluente del Magdalena en ese departamento. Los Parques Nacionales Naturales Las Hermosas y Nevado del Huila son la cuna de estos portentos de agua. Como todos los ríos, sus caudales sostienen la vida de los territorios que transitan, dando lugar a una diversa cantidad de especies de flora y fauna.

El Siquila, el Amoyá y el Cucuana son, además, parte esencial de la vida natural y socioeconómica de aquellas comunidades asentadas en las planicies tolimenses que nutren al valle del Magdalena. Allí, las actividades agrícolas y pecuarias generan una progresiva demanda del recurso hídrico, condición que podría verse seriamente amenazada si la calidad del agua se afecta. En la protección de los caudales de los ríos, las comunidades aledañas juegan un rol trascendental.

El proyecto ‘Río Saldaña - Una Cuenca de vida’, coordinado por WCS Colombia, en alianza con Cortolima, la Fundación Grupo Argos, Agregados Argos y Parques Nacionales Naturales, constituye un aporte para la preservación del recurso hídrico asociado a estos tres cauces. En tal sentido, dicho proyecto pretende contribuir con la mitigación de algunos aspectos que puedan afectar la calidad del agua y potencializar los aportes que esta hace a la subsistencia de los ecosistemas con sus servicios ambientales.


Monitoreo hídrico
“Evaluar la calidad del agua es uno de los componentes más importantes de esta iniciativa”, afirma Leonor Valenzuela, quien, desde WCS, lidera el análisis del monitoreo del recurso hídrico para el proyecto. Ella añade que se buscan evitar situaciones que no son las ideales. “Es decir: prevenir más que corregir. Para ello es importante conocer las condiciones del agua y, de ser necesario, tomar medidas a tiempo. En eso radica este proceso”.




Mientras descienden por la montaña, los paisajes que enmarcan a estos tres afluentes se expresan por medio de encumbrados páramos y frondosos bosques altoandinos. Desde allí, chorros cristalinos avanzan vertiginosamente. Las tres cuencas, Siquila, Amoyá y Cucuana, abarcan, respectivamente, los corregimientos de Bilbao (Planadas), San José de las Hermosas (Chaparral) y Cucuana (Roncesvalles).


En la cuenca del Siquila, precisamente, viven Edilma Cardona y Lucila Méndez. En sus pequeños predios, dedicados a la ganadería y al café, nacen dos quebradas que les proveen el agua para sus necesidades. Ellas, como muchos otros propietarios que tienen nacimientos o pequeños riachuelos dentro de sus modestos dominios, acondicionaron sistemas de abastecimiento artesanal que, basados en una red de mangueras, les llevan el recurso hasta sus hogares.


“Es algo que la gente hace con frecuencia en esta región, porque creemos que el agua que tenemos es buena”, afirma Lucila. “Y por lo mismo -agrega Leonor Valenzuela-, es que cobra mayor importancia el monitoreo, pues este nos permitirá conocer, a ciencia cierta, la calidad del agua que usan estas personas para ellos, para sus cultivos y para sus animales de granja”.


Adicionalmente, también es necesario conocer cómo están las condiciones del amplio entorno ambiental que hace posible la existencia de esas corrientes de vida. Por ello, el programa de monitoreo recurre a un indicador llamado Índice de Calidad de Hábitat Ribereño. Este suministra información sobre el estado de la vegetación alrededor de los cauces.

Las implementaciones
De forma paralela, el proyecto ‘Río Saldaña – Una Cuenca de vida’ también viene utilizando una serie de herramientas técnicas y pedagógicas para generar condiciones adecuadas en la protección del medio ambiente.


Estas implementaciones se hacen en terrenos privados, ubicados en la cuenca de los tres ríos ya mencionados. Entre otras acciones, cabe destacar la siembra de árboles nativos, el aislamiento de las fuentes hídricas, la instalación de bebederos y el aprendizaje para poner en marcha procesos de ganadería sostenible.

“Con estas acciones buscamos crear estrategias de productividad amigables con el planeta. Y a ellas les articulamos el monitoreo hídrico para saber qué impacto está causando lo que hacemos en la calidad de las aguas”, afirma Lina María Caro, bióloga de WCS, que coordina el área técnica del proyecto.

En este sentido, Leonor Valenzuela explica que “el monitoreo inició cuando empezaron a hacerse todas esas implementaciones. La idea, entonces, es mirar, año tras año, desde qué momento estas intervenciones han comenzado a causar un efecto positivo sobre la calidad y cantidad del recurso hídrico”.

El proceso del monitoreo, groso modo, se realiza tomando muestras de agua en aquellos cauces que recorren los predios donde el proyecto hace las implementaciones. Los investigadores miden parámetros como el nivel de saturación de oxígeno, el PH, los sólidos disueltos, la temperatura, o las cantidades de cloruros y de nitratos. También hay que mirar si hay bacterias. Todo esto permite determinar, de forma efectiva, si el agua es apta para el desarrollo de la vida en esos parajes.


Algunos resultados
De acuerdo con lo encontrado hasta ahora, la calidad del agua en estas cuencas oscila entre los niveles medio y alto, pero hay presencia de cloruros y nitratos que pueden afectar los suelos. Estos mismos análisis también indican que hay presencia de algunas bacterias, por lo que el agua no es potable. De ahí que el proyecto esté instalando filtros de agua en los hogares y en las escuelas de la región.


Lucila Méndez afirma que “tener estos filtros es muy importante, pues ya no tenemos que hervir el agua. Esos aparatos nos dan un agua casi pura, por lo que con su uso vamos a prevenir enfermedades”.

El monitoreo también evidenció que en los lugares donde hay mejor cobertura arbórea, la calidad del agua es superior. Por este motivo, ‘Río Saldaña - Una Cuenca de Vida’ está sembrando en los predios intervenidos especies de árboles nativos que, en un mediano plazo, permitirán recuperar espacios de bosque que desaparecieron en un pasado.

Seguramente, en un tiempo no muy lejano, habitantes de la región como Edilma y Lucila, al igual que todos los campesinos que subsisten en esas bellas montañas tolimenses, podrán estar tranquilos con respecto al agua que consumen y que utilizan para sus actividades cotidianas. “Si pensamos en todas las implicaciones que conlleva el cambio climático, una de nuestras prioridades, como sociedad en general, debe apuntar a garantizar la existencia del recurso hídrico hoy y para las generaciones futuras”, concluye Leonor Valenzuela.

Y es por esa razón, justamente, que las implementaciones y el monitoreo al recurso hídrico esperan contribuir para que la cuenca del río Saldaña siga siendo una cuenca de vida.


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