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Posted on abril 21, 2021 13:51

Se trata de la raya chupare (Styracura pacifica), sobre la que se planteaba que solo vivía entre México y Panamá; ahora su distribución podría extenderse hasta Ecuador. Fue observada en las aguas de ‘El Encanto de los Manglares del Bajo Baudó’, área marina protegida de este municipio chocoano.


A lo largo del Pacífico de Colombia, y especialmente en Bajo Baudó, en el Chocó, es usual que los pescadores artesanales interactúen con una raya que han bautizado como ‘la lenguada’ o “corroñosa”. Durante años ha sido confundida e incluida como una más dentro del grupo de especies que componen a las rayas que suelen recorrer las aguas de la región.

Por eso, encontrar a ‘la lenguada’ nunca ha significado para ellos algo más allá de una captura adicional, de alguna manera secundaria, que a veces consumen, pero que con frecuencia devuelven al mar.

Sin embargo, hoy no piensa igual un grupo de científicos, para quienes el reporte de la existencia de la corroñosa, como también le llaman, es un hallazgo relevante.

Y esto sucede porque esta raya, históricamente subestimada, y que puede verse en zonas estuarinas, resultó ser la Styracura pacifica o chupare del Pacífico, una especie que, según los registros obtenidos hasta ahora, se pensaba que era exclusivamente centroamericana y que se movía únicamente en las costas situadas entre el sur de México y Panamá. Ahora no solo se puede decir que vive en el país. También su distribución ha quedado ampliada en el Pacífico Oriental Tropical, a lo largo de unos 470 kilómetros hacia el sur del continente americano.


En la obtención de esta conclusión, publicada recientemente en el Boletín del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar), participaron Melissa Scheel Dalmau, Manuel Camilo Velandia y Juan Manuel Díaz, de la Fundación Marviva; Andrés Felipe Navia, director de la Fundación Squalus, y Paola Mejía, líder marino de WCS-Colombia.

Ellos analizaron 23 ejemplares, entre los que se reportaron 11 hembras, capturados por pescadores de las veredas de Pomeño y Punta Hijuá, entre marzo de 2018 y febrero de 2020, en zonas estuarinas, someras (entre 2 y 11 metros de profundidad) y de arena lodosa, en inmediaciones de la desembocadura del río Docampadó. Este es un sector que hace parte del área marina protegida ‘El Encanto de los Manglares del Bajo Baudó’, un Distrito Regional de Manejo Integrado (DRMI), el más grande en su tipo en la región Pacífica y que agrupa a 10 consejos comunitarios.


“Lo que podemos decir es que este no es un comportamiento nuevo de la raya chupare que, por alguna razón inusual, haya comenzado a recorrer el Pacífico colombiano. La conclusión es que ella siempre había estado allí, pero no se había registrado ni reconocido como nuestra”, dice Juan Manuel Díaz, de la Fundación Marviva

La Styracura pacifica tiene una pariente cercana en el Atlántico llamada Styracura schmardae. Ambas son muy parecidas y constituyen las únicas representantes de la familia Potamotrygonidae en ambientes marinos en Colombia.

“Las rayas de este tipo y de esta familia son originalmente de agua dulce. Yo creería que vivían en la cuenca amazónica hace unos 18 millones de años (Holoceno) cuando el mar entró a esta región y formó un mega humedal (Pebas) que cubría parte de Brasil, Perú, Colombia y Ecuador (una de las razones por las cuales existen delfines en este sector de la selva). Pero cuando las aguas del mar se retiraron, muchas especies quedaron confinadas allí, pero ambas rayas volvieron al océano”, explica Díaz. Y como parece que nunca olvidaron ese pasado en los ríos, para verlas hoy se deben buscar obligatoriamente en aguas salobres.

El documento sugiere que al haber sido detectada en Bajo Baudó, es muy probable que la raya chupare tenga los hábitats adecuados para distribuirse de manera continua desde el sur de México y hasta casi el golfo de Guayaquil, en Ecuador, con la posibilidad de que pueda encontrarse en las islas Gorgona y Galápagos, sin que esto último haya sido confirmado.

Sin embargo, “dado el bajo número de registros en la región, su distribución limitada, el poco conocimiento sobre su biología, la degradación de los manglares y su posible interacción con pesquerías artesanales, es probable que requiera acciones de conservación y manejo específicas, adicionales a aquellas conferidas por su presencia dentro del DRMI”, concluye el documento.


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