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Posted on julio 02, 2021 19:40

Hurones, gekcos, ajolotes e incluso erizos provenientes de todo el mundo llegan al país y se comercializan a través de redes sociales o Internet, en un comercio soterrado e ilegal. Además de constituirse en una forma de maltrato animal, puede transformar a estas especies exóticas en invasoras, que ponen en riesgo nuestra salud y la biodiversidad del territorio.


Siempre se habla del tráfico de animales desde el país hacia el exterior. Por lo menos es la denuncia más frecuente: como el comercio de ranas venenosas multicolores, pequeños monos, aves extraordinarias como el gallito de roca o de reptiles como las tortugas mata-mata, todos sacados a la fuerza de sus hábitats para ofrecerlos sin permiso a coleccionistas de Europa, Asia o Norteamérica.

Pero poco se comenta sobre otro drama, y es el que enfrentan muchos animales silvestres y exóticos extraídos de otros países para ser introducidos en Colombia, con el propósito de venderlos, reproducirlos y transformarlos en mascotas.

Es un tráfico soterrado, cuyo origen no ha sido identificado plenamente, que generalmente se mueve por páginas de Internet, o a través de imágenes que se distribuyen por redes sociales y en las que se hacen recomendaciones muy básicas y poco profesionales para el cuidado de varias especies como erizos o ranas africanas, hurones (Mustela putorius furo), ajolotes (Ambystoma mexicanum), camaleones, pitones (serpientes de la familia Pythonidae) o geckos (Hemidactylus frenatus).  Estos últimos son lagartos pequeños que están llegando desde África a Centroamérica.

Los hurones son similares a las comadrejas y a las nutrias, aunque de un tamaño mucho menor. Y los ajolotes son anfibios, típicos mexicanos, también conocidos como axolótl, los cuales sobresalen por una particularidad y es que son capaces de regenerar por sí mismos, y en pocas semanas, las extremidades que les han sido amputadas, con todos sus huesos y nervios, así como otros órganos y tejidos. Han sido muy estudiados en laboratorios de Europa y Norteamérica, precisamente por esta última condición tan especial que podría dar pistas para sanar lesiones cerebrales, cardíacas o de la médula espinal en humanos. Se reproducen muy fácilmente, pero a pesar de esto fueron declarados en peligro de extinción en vida silvestre.


Comercio ilegal penalizado con cárcel

En Facebook hay grupos con más de dos mil miembros cada uno, que promocionan la venta de hurones con la etiqueta #Huronízate.

 

Algo similar pasa con los ajolotes, cuyos grupos ofrecen ejemplares de 5 centímetros “a precio especial” y con la frase: “hazte amigo de un dragón”.

 


El Proyecto de Combate al Tráfico Ilegal de Especies Silvestres, de WCS Colombia, financiado por la Unión Europea y el gobierno de Estados Unidos, trabaja con las autoridades nacionales, así como con las corporaciones autónomas regionales de todo el país, pero principalmente aquellas que trabajan en el Eje Cafetero, el Valle del Cauca, Cundinamarca, Tolima y Antioquia, quienes han llamado la atención sobre este comercio que se ha intensificado en los últimos meses y que ha involucrado a personas muy jóvenes, atraídas tal vez por los colores de los animales y sus formas extrañas o poco usuales en nuestro medio. Así mismo, estarían aprovechando que muchas de estas especies se reproducen con facilidad y por eso suelen instalar criaderos improvisados e insalubres, incluso en sus casas, para copar una demanda que mueve millones de pesos anuales.

 

Como el caso que identificó la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (CARDER), cuyos funcionarios hallaron a una persona no mayor de 25 años que mantenía una cantidad inusual de geckos y camaleones en un espacio no mayor a los 10 metros cuadrados de una vivienda del barrio Santa Rita, en Dosquebradas (Risaralda). El caso era tan extremo que la persona guardaba en los cajones de su propio armario cientos de insectos, como cucarachas y grillos, que usaba para alimentar a los animales que permanecían en el suelo y en plantas caseras, y con los que convivía como si fueran ejemplares domésticos.

 

Una situación similar fue detectada por la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Área de Manejo Especial La Macarena (Cormacarena) y la Policía Ambiental en el barrio La Reliquia de Villavicencio (Meta), cuyos funcionarios hallaron el año pasado a un joven que tenía a un ajolote dentro de un acuario para peces en pésimas condiciones de salubridad. Por su parte, personal de Corpoboyacá también capturó recientemente a una médica veterinaria que ofrecía un erizo africano en el centro de Duitama (Boyacá).

 

“La venta de estos animales no está reglamentada y mucha gente no tiene conocimiento sobre sus cuidados”, explica Natalia Carrillo, bióloga  responsable de asuntos relacionados con fauna, de la CARDER.

 

“Tampoco tenemos registros de zoocriaderos legalmente constituidos o reportes de permisos expedidos por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) que avale alguna entrada legal al país o su reproducción”, agrega Carrillo, quien informó que muchas veces los animales llegan a sus destinos dentro de cajas que envían por correo tradicional o escondidos en encomiendas que se transportan en buses intermunicipales.

 

Según esto, es un delincuente tanto quien vende como quien compra y mantiene a los animales en cautiverio, según la Ley 1453 de 2011.

 


Se pueden volver invasoras

Adicionalmente a la tenencia de animales exóticos, que también constituye un delito de maltrato animal, se suma a todo lo anterior el riesgo que representan estas especies foráneas para  nuestra biodiversidad.

 

Porque cuando las personas se cansan de tenerlas en sus casas, o los traficantes se ven descubiertos o no saben qué hacer con ejemplares que se les salen de control (entre otras muchas razones), son liberadas en el medio natural, se adaptan y pueden invadir, como ha sucedido con el caracol africano, el pez basa, que se ve en el río Magdalena y que provino de Asia; la rana toro, los hipopótamos que recorren el Magdalena Medio e incluso las palomas que vemos en plazas y campanarios. Y no hay que olvidar al pez león, este último típico del océano Índico, pero que ha invadido los arrecifes de coral del mar Caribe, luego de que varias parejas llegaron al mar cuando el huracán Andrew (1992) rompió algunos acuarios donde los exhibían en sectores de La Florida (Estados Unidos).

 

Algunas de las especies invasoras, además, transmiten enfermedades que dañan la fauna nativa. Por ejemplo, la rana toro (Lithobates catesbeianus), originaria de Estados Unidos e introducida al país en la década del 80, es vector de la Chytridiomycosis, enfermedad responsable de la disminución de poblaciones de anfibios en el planeta, o las aparentemente inofensivas palomas que transmiten un hongo potencialmente peligroso para las personas.

 

Ya hay muchos geckos caseros  sueltos en la Orinoquía, la región Caribe y Pacífica en Colombia. Pero como este, hay otras 506 especies catalogadas como invasoras según el Sistema de Información sobre Biodiversidad (SIB), sin que se conozcan claramente las consecuencias que para el territorio han tenido en costos sociales, sanitarios, económicos y ambientales. Esto sin olvidar que todos los animales foráneos o invasores representan uno de los tres motores de pérdida de biodiversidad y servicios ecosistémicos más intensos en el país y el mundo, después de la deforestación y la sobreexplotación de los recursos naturales, según lo explica la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

 

El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible expidió el ‘Plan Nacional de Acción para la Prevención, Manejo y Control de las Especies Introducidas Transplantadas e Invasoras’, pero nada se logra con la existencia de una normatividad si la ciudadanía sigue tolerando y apoyando el comercio ilegal de especies, o  comprando ejemplares a integrantes de redes  ilícitas.

 

Y como lo dice una fuente de Corantioquia que quiso mantener su nombre en reserva, “mientras no haya controles fronterizos, estas especies exóticas seguirán llegando principalmente por vía terrestre a Colombia. Se trabaja con embajadas y con relacionamiento diplomático para frenarlo, así como con una capacitación intensa de la Policía. Pero los verdaderos resultados aún están por concretarse”.


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