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Posted on agosto 23, 2021 15:08

En Santa Cecilia, corregimiento de Risaralda, las comunidades están de acuerdo en que deben frenar el tráfico ilegal y la destrucción del hábitat de la Oophaga histriónica, una rana multicolor que solo vive en este departamento (endémica).


“El único patrimonio que la comunidad puede dejarles a sus hijos, o a aquellos más jóvenes, es que aprendan a valorar y a cuidar los recursos naturales que rodean su caserío”.

La frase la pronuncian con frecuencia en Santa Cecilia, un corregimiento del municipio de Pueblo Rico, en Risaralda. Por eso, sus líderes se entusiasman ante cualquier iniciativa dirigida a la protección de toda la fauna y  la flora de este poblado biodiverso,  fundado un 22 de noviembre de 1924 en honor a la santa del mismo nombre (patrona de los músicos), y que conecta como un puente a los risaraldenses con el Chocó biogeográfico.

Fue habitado, a finales del siglo XIX, por familias palenqueras, precisamente, porque fueron atraídas por la abundancia de animales y plantas. Pero con el tiempo, también llegaron mestizos e indígenas embera, que hoy conforman los resguardos Gitó Dokabú y Unificado Chamí del Río San Juan.  Todos han tenido que acostumbrarse a compartir un espacio en el que se combinan tensiones a veces violentas y otras que han degradado intensamente el medio ambiente local.

 

En Peligro Crítico de Extinción

Muchas personas no se guardan palabras, ni disimulan el pesar, cuando advierten que una de las víctimas de esos daños al paisaje es la rana cocoi (integrante de las denominadas ranas arlequín), que  reúne en su cuerpo combinaciones inusuales de colores, como rayas amarillas o rojas o naranjas en medio de un fondo negro o marrón.


Este anfibio conocido científicamente como Oophaga histriónica, cuyos registros se concentran para los municipios de Puerto Rico y Mistrató (Risaralda), ya casi no se ve en la región. Según la Unión Internacional para la Naturaleza (UICN) está considerado ‘En Peligro Crítico de Extinción’. Lo que más lo ha afectado es la destrucción de su hábitat. Muchos de los bosques donde vivía desaparecieron y hoy son potreros donde se cultiva o han sido fumigados o  utilizados para la ganadería.

En Santa Cecilia era usual ver a la cocoi, generalmente alrededor de las quebradas. Entre los indígenas siempre se hablaba de ella por su poder venenoso. Pero las autoridades tampoco desconocen la influencia trascendental que ha tenido el tráfico ilegal en la disminución radical de sus poblaciones, ya que muchas personas han llegado a la zona a capturar cientos de individuos de la especie para entregarlos a intermediarios a cambio de dinero. Ellos a su vez los comercializan entre traficantes colombianos o del exterior para ofrecerlos luego a coleccionistas o acuaristas en Estados Unidos o Europa.

La rana ha sido tan perseguida que fue incluida entre los 10 anfibios colombianos más vendidos ilegalmente, al lado de otros anuros como las Oophaga Lehmanni y Oophaga sylvatica.

 

La unión hace la fuerza

El tráfico ha sido habitual desde hace años en este sector de Risaralda. Por ejemplo, dicen algunos que la gente se reía cuando veían a desconocidos llevando en sus maletas bromelias (sus hojas son usadas a veces por las ranas para poner allí sus huevos y reproducirse) o incluso animales vivos, porque no entendían para qué una persona viajaba durante horas desde Pereira o Medellín o Cali hasta su caserío, a cargar plantas o anfibios que, según las mismas comunidades, no valían nada o no tenían importancia. Hay personas que reconocen haber vendido loros o cualquier mamífero que encontraran, aprovechando que no había muchos controles.


Pero, poco a poco, por acción del tiempo y al ver cómo la naturaleza ya no es la misma de hace décadas, los pobladores han ido reaccionando y son cada vez más conscientes de que cualquier intento por cazar o extraer animales silvestres representa un delito. Algunos de ellos crearon la Asociación de Amigos de la Fauna (Asoafa), integrada por personas de la región, que intenta liderar un cambio de mentalidad eficaz y permanente entre sus vecinos, para que comiencen a ver su tierra como una oportunidad y puedan tener mayores oportunidades para salir adelante a través de emprendimientos como el ecoturismo.

Por eso, han recibido con entusiasmo el apoyo de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (CARDER), del Proyecto para el Combate del Tráfico Ilegal de Fauna (liderado por WCS Colombia con el apoyo financiero de USFWS e INL, agencias gubernamentales de Estados Unidos, así como de la Unión Europea) y la Corporación Universitaria Santa Rosa de Cabal (Unisarc), para desarrollar en equipo con la gente actividades pedagógicas dirigidas a la conservación de la Oophaga histriónica.

Hasta el momento se han realizado talleres y jornadas de capacitación para informar sobre sus características y relevancia, que sirven para resaltar, de paso, la trascendencia que tienen otros grupos taxonómicos, como los reptiles o las aves.

Dany Osorio López, subdirector de Gestión Ambiental Territorial de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (CARDER), explicó, a través de un reciente comunicado, que “Santa Cecilia es una zona ecosistémica relevante para esta especie y por eso la comunidad juega un papel fundamental en su conservación”.  Las jornadas de educación ambiental que ha liderado la entidad se están enfocando especialmente a los menores de edad.

“Los niños no utilizan adecuadamente su tiempo libre, pero poco a poco están aprendiendo sobre los animales, en especial sobre la ranita que tenemos acá en el corregimiento, pero que no valoramos”, opinó Miller Ladys Murillo, maestro de primaria.

El Proyecto para el Combate del Tráfico Ilegal de Fauna, de WCS, ha insistido en que para administrar un recurso natural se requiere a una comunidad con la intención firme de reconocer que precisamente ese recurso juega un papel extraordinario y por eso con la misma comunidad se construirá el plan de acción que permitirá la conservación de la especie.

Uno de los objetivos, entonces, es construir un solo lenguaje para que la preservación de esta rana multicolor, y de otras especies trascendentales y que también sufren amenazas, sea una realidad.

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