A mediados de marzo, el calendario ambiental convoca a tres conmemoraciones: el Día Mundial de los Glaciares (21), el Día Internacional de los Bosques (21) y el Día Mundial del Agua (22). Aunque parezcan fechas distintas, en realidad estas temáticas nos hablan de una historia de interconexión entre los glaciares, los bosques y el agua, como un solo sistema vivo. En la región andino-amazónica, esta conexión que sostiene la vida, tanto silvestre como humana, hoy es más frágil que nunca debido a una serie de amenazas que te invitamos a conocer a continuación.
Foto: WCS Ecuador
Los Andes: donde nace el agua de la selva
A más de 4000 metros de altitud, los glaciares tropicales han funcionado durante milenios como los grandes reguladores hídricos del continente. Su labor es vital: guardan el agua de las lluvias en forma de hielo y la liberan poco a poco en las épocas secas. Esto asegura la estabilidad de los caudales que nutren las cabeceras de la mayor red hídrica del planeta: la Cuenca Amazónica.
Sin embargo, este equilibrio se está perdiendo. Los Andes albergan el sistema de glaciares tropicales más extenso del mundo, pero también uno de los más vulnerables. Según datos del Servicio Mundial de Monitoreo de Glaciares (WGMS) y la UNESCO (2025), estos glaciares se reducen un 35% más rápido que el promedio global. En países como Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, se ha perdido más del 50% del hielo glaciar en las últimas seis décadas, de acuerdo con datos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM) de Perú.
Este retroceso marca la llegada del pico hídrico: el umbral de máxima descarga de agua tras el cual el aporte del glaciar comienza a declinar de forma irreversible. Una vez superado este punto, la capacidad del hielo para amortiguar las sequías desaparece, dejando a los ríos y a las poblaciones en una situación de vulnerabilidad hídrica permanente. Esto no solo altera paisajes icónicos, sino que además pone en riesgo la seguridad hídrica en grandes ciudades como Bogotá, Quito, Lima y La Paz, y también compromete la supervivencia de ecosistemas únicos como los páramos y la puna.
Según el Atlas de Glaciares y Aguas Andinos de la UNESCO, lo que está en juego es el suministro de agua para más de 75 millones de personas. Pero la amenaza se extiende más allá del grifo de las grandes ciudades, hablamos de la seguridad alimentaria de comunidades que dependen de la pesca, del equilibrio del clima que sostiene al campo y de la supervivencia de culturas indígenas cuya identidad está tejida entre la montaña, el río y la selva. Si este sistema colapsa, perdemos el principal escudo natural que tenemos frente al cambio climático.
El bosque: motor del ciclo del agua
Cuando el agua termina su descenso andino y entra en la llanura amazónica, el ciclo se transforma. Aquí, el bosque no solo recibe el agua, sino que la recircula activamente hacia la atmósfera. A través de la evapotranspiración, los árboles bombean humedad en cantidades colosales. Este fenómeno, identificado por la ciencia como 'ríos voladores', consiste en flujos masivos de vapor de agua que se desplazan por miles de kilómetros. Estas corrientes además de recargar de humedad a la Amazonía y a los Andes, también generan las lluvias esenciales para la agricultura y el consumo humano en todo el continente.
Bosques del Putumayo (Colombia) Foto: "EL PATO" Salcedo / WCS Colombia
Investigaciones lideradas por el científico Eneas Salati, respaldadas por expertos como Carlos Nobre, establecieron que la Amazonía produce cerca del 50% de su propia lluvia. Este proceso de reciclaje de precipitación permite que el bosque mantenga el ciclo del agua activo y que esta humedad sostenga la mayor biodiversidad de agua dulce del planeta: más de 3.000 especies de peces, según el Instituto Smithsoniano y Amazon Conservation, de las cuales depende la alimentación y la cultura de miles de comunidades ribereñas e indígenas y de millones de personas en toda la Cuenca Amazónica.
El agua: flujo vital que articula la red natural
La fragmentación de los ríos por represas, la contaminación especialmente por mercurio y la sobreexplotación de sus recursos están alterando la dinámica natural de las aguas amazónicas. Como resultado, los sistemas hídricos pierden funcionalidad, afectando de manera directa a comunidades que dependen de ellos y comienzan a sufrir las consecuencias de su degradación.
Parque Nacional de Anavilhanas, en Amazonas (Brasil). - Foto: Marcos Amend / WCS Brasil
A estas presiones, se suma la pérdida acelerada de bosques. Según Global Forest Watch (WRI) y el Proyecto MAAP, la Amazonía pierde cobertura forestal a un ritmo de 2 hectáreas por minuto. Con menos árboles, disminuye la capacidad del suelo para retener agua, lo que intensifica eventos extremos como inundaciones más severas y sequías, más prolongadas y fuertes.
Acciones integrales desde el territorio: el aporte de WCS en la región Andes, Amazonía, Orinoquía
En WCS diseñamos e implementamos las estrategias de conservación para que respondan a la complejidad de cada paisaje bajo una premisa central: la conectividad. Entendemos los ríos como sistemas dinámicos de los que depende la vida, desde los sedimentos que fertilizan las llanuras hasta las migraciones de peces que garantizan la seguridad alimentaria regional. Por eso, en la región Andes-Amazonía-Orinoquía, nuestro trabajo se desarrolla con una visión integral, desde los páramos hasta las llanuras inundables, promoviendo que las decisiones que se toman sobre el agua no ignoren lo que pasa en el otro extremo de la cuenca.
Por ejemplo, en Colombia y Ecuador impulsamos la protección de ecosistemas claves como los páramos altoandinos que se conectan con los bosques húmedos de tierras bajas en la Amazonía. En Perú y Bolivia, fortalecemos la gestión de territorios indígenas y áreas protegidas para que grandes arterias como los ríos Napo, Ucayali o Mamoré conserven su integridad, y en Brasil, lideramos esfuerzos para consolidar el manejo comunitario de la pesca y la conservación de las selvas inundables (várzeas).
Velo de la Novia Apolobamba (Bolivia) - Foto: Omar Torrico/WCS Bolivia
Estos esfuerzos se potencian con enfoques transfronterizos, como en la cuenca del Putumayo- Içá, donde trabajamos por la conservación y la gestión integrada de los recursos naturales y fuentes de agua dulce de este corredor biológico y cultural vital, que no conoce fronteras y une a Colombia, Ecuador, Perú y Brasil.
Asimismo, a través de la iniciativa Aguas Amazónicas, consolidamos redes de monitoreo participativo y gestión sostenible que combinan el conocimiento local y la evidencia científica para mantener la integridad y conectividad de los ecosistemas acuáticos de la Cuenca Amazónica.
En el marco de estas conmemoraciones, el llamado es a comprender el sistema en su conjunto: lo que ocurre en los glaciares de los Andes influye en el futuro de la Amazonía, y la salud de los bosques condiciona la disponibilidad de agua en las ciudades y comunidades. Más que fechas aisladas, se trata de una invitación a reconocer la interdependencia entre glaciar, bosque y río como parte de un mismo sistema.
Wildlife Conservation Society (WCS)
WCS combina la fuerza de sus cuatro zoológicos y un acuario en la ciudad de Nueva York con un Programa Global de Conservación que opera en más de 50 países, para cumplir su misión de salvar la vida silvestre y los lugares naturales. WCS lidera el programa de conservación de campo más grande del mundo, contribuyendo a la protección de más del 50 por ciento de la biodiversidad conocida del planeta, en alianza con gobiernos, pueblos indígenas, comunidades locales y el sector privado.
Su trabajo se organiza a través de programas regionales, como el programa Andes, Amazonía y Orinoquía, que abarca Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú, desde donde impulsa iniciativas estratégicas y ejecuta acciones de conservación efectivas en paisajes prioritarios.
Visita: newsroom.wcs.org
Sigue: @WCSNewsroom