En Guaviare, Caquetá y Putumayo, asociaciones integradas por personas cultivadoras de cacao, productoras de miel de abejas y dedicadas a la recolección y transformación de productos no maderables del bosque, entre ellos hongos, fibras o frutas como el asaí, el camu-camu o el copoazú, están promoviendo que cada vez más mujeres y jóvenes sean conscientes de sus derechos para opinar, trabajar y liderar emprendimientos y procesos productivos. Esto en medio de una sociedad históricamente patriarcal e influenciada por el conflicto armado.
Foto: Manuel Rico - Rainforest Alliance
Por: Javier Silva
Jeniffer Yara se describe como una persona laboriosa, que depende del campo. Su lucha, explica, se ha centrado últimamente en apoyar a su mamá, Luz María Juajiboy, en la producción de miel en la zona rural de Mocoa. Son un poco más de cuatro colmenas de abejas meliponinas (sin aguijón), que cuida durante muchas horas, como parte del empeño de vender este producto y lograr una mejor calidad de vida para su familia.
Ella, mujer joven y de mente abierta, no duda de que el camino recorrido, conociendo la tierra y sus beneficios, ha sido el correcto.
Hace poco, como beneficiaria de la Asociación de Meliponicultores Andino Amazónicos (AMAA), y durante algunas reuniones realizadas entre 2025 y este año con miembros de esta organización, Jeniffer escuchó por primera vez tres palabras que le dieron un nuevo enfoque a su vida: equidad de género.
A veces, las personas tienen dos opciones ante lo desconocido: o lo olvidan, porque asumen que no lo necesitan, o lo acogen y se empeñan en hacerlo existir. Ella escogió la segunda alternativa. Ahora habla de respeto, de evitar la discriminación y los malos tratos, y de exigir un cambio en la forma como siempre ha sido tratada, uno que, de paso, irradie y beneficie a sus dos hijas pequeñas.
—Yo no sabía que tenía derechos, o ciertos derechos. Y, como no los conocía, tampoco me había dado cuenta de que habían sido vulnerados—, dice.
Ese momento en el que Jeniffer acogió un nuevo conocimiento que reivindica un trato justo, pero que promueve, además, que mujeres y hombres tengan las mismas oportunidades para tomar decisiones, capacitarse y desarrollarse socialmente, se gestó como parte de las actividades del proyecto Paisajes Amazónicos Resilientes (REAL), cuyo impacto se ha concentrado en municipios de Putumayo, Caquetá y Guaviare.
Manuel Rico - Rainforest Alliance
Productos “cero deforestación”
REAL está motivado por una causa ambiental determinante: promueve que los trabajos agrícolas para la producción de cacao y aquellos basados en la obtención y transformación de productos no maderables del bosque —que incluyen, entre otros, aceites, frutas como el asaí, el copoazú y el camu-camu, al igual que hongos comestibles, plantas medicinales, fibras y bejucos o semillas para fabricar adornos o artesanías— sean compatibles con la conservación de la Amazonia.
En estos departamentos, situados en una de las zonas más biodiversas del mundo, hay una intensa expansión agrícola y una frecuente tala de bosques (solo en la Amazonia fueron arrasadas 68 mil hectáreas en 2024, según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam).
Estas actividades llevan a la introducción, sin mucho control, de nuevos cultivos; también se abren hectáreas para la ganadería extensiva y obras de infraestructura ilegales. Este fenómeno, generalmente, afecta a comunidades que han elegido alternativas económicas sostenibles como opción para lograr su sustento, porque, poco a poco, se reduce su resiliencia (capacidad de adaptarse a situaciones adversas).
Por eso, REAL se ha empeñado en mitigar esos impactos, con la financiación del Reino Unido (UK PACT) y el trabajo de un consorcio de organizaciones como Rainforest Alliance, WCS (Wildlife Conservation Society) y Agrobiz (firma encargada de la gestión empresarial de algunos productos del campo), junto con ocho asociaciones rurales vinculadas: algunas productoras de cacao (Asoprocao, Asoprocaf, Comcap, Comicacao y Asoprocacao), otras dedicadas a promover productos forestales no maderables como Ayakuná y Asoproagro, y AMAA, enfocada en la miel de abejas.
Se quiere, entonces, que las cosechas de cacao sean “cero deforestación”, es decir, que se logren sin tumbar árboles. Y hay un fomento constante de sistemas como la agroforestería, con la que se mejora la sostenibilidad sin expandir las áreas cultivadas. Esto permite que el cacao se cultive cerca o en los alrededores de áreas con muchos árboles sembrados (sistema agroforestal) y no en tierras arrasadas. De esta forma, a largo plazo, podrían volverse más resistentes al cambio climático y soportar mejor los fenómenos de variabilidad climática.
Pero, seguramente, uno de los mayores aportes es que, con cada una de estas prácticas, los productos mejoran su calidad, pueden ser catalogados como sostenibles y, de paso, acceder más fácilmente a mercados competitivos. De esta forma, quienes compran y consumen pueden hacer la trazabilidad necesaria para conocer su origen y confirmar que, efectivamente, su producción ha respetado los bosques.
Foto: Rainforest Alliance
Sembrar sin tumbar, hablar sin miedo
Las labores no son aisladas. Por eso, es en este paso a paso donde se impacta un territorio amplio para enlazar producción, conservación y ese bienestar social urgente, en un entorno con comunidades con pocas oportunidades de capacitación, baja participación en la toma de decisiones y mucho trabajo informal que, a veces, no es remunerado justamente, y donde históricamente se ha establecido una cultura patriarcal, afectada además por el conflicto armado.
En el intento por aliviar esa situación social y apoyar el bienestar de las comunidades, al trabajo por la conservación ambiental se han sumado talleres y capacitaciones para cambiar la forma como se toman decisiones (gobernanza) y la adopción de protocolos de equidad e inclusión liderados por comités que trabajan dentro de las asociaciones y que han sido respaldados por sus juntas directivas. Estos espacios han abierto nuevas oportunidades para que quienes conforman los comités, especialmente mujeres y jóvenes, participen activamente en la toma de decisiones.
Lina Caro, coordinadora de Paisajes Sostenibles de WCS Colombia, explica que hay nuevas oportunidades de participación social, productiva y comercial en las cadenas de valor del cacao; y alianzas estratégicas para fortalecer su impacto. Igualmente, destaca la importancia de un liderazgo y una participación cada vez más nutrida y efectiva en la toma de decisiones.
Precisamente, Natalia Andrade, líder del proyecto REAL en Putumayo, cuenta que, hasta la llegada de esta iniciativa, algunas de las asociaciones no habían tenido en cuenta los asuntos de género como una de sus prioridades.
Foto: WCS Colombia
—Por eso, se propuso que en cada una de ellas se creara un comité (conformado incluso por hombres, así como por jóvenes y adultos mayores), de los cuales surgieron ejes temáticos que se incluyeron en un protocolo dentro de lo que se conoce como GEDSI, concepto que por sus siglas en inglés significa Igualdad de Género, Discapacidad e Inclusión Social y sobre los cuales se ha trabajado a través de talleres de capacitación—, dice Natalia.
Uno de ellos es la equidad y la prevención de violencias. Los otros, agrega, buscan promover el liderazgo teniendo en cuenta la voz de mujeres y hombres y el fortalecimiento de habilidades para hablar en público y opinar; impulsar procesos más inclusivos en la toma de decisiones dentro de las asociaciones; fomentar la autonomía económica y el acceso a oportunidades, con participación equitativa en las cadenas de valor y el ingreso a mercados; y promover una distribución más equitativa del trabajo y la corresponsabilidad en el hogar, de modo que se genere un cambio cultural.
Jenifer Yara cree que conocer sus derechos le ha servido para que su familia sea más consciente de su valía como mujer, de la importancia de tener en cuenta su opinión, de sobresalir en su entorno y de ser firme en sus posiciones.
—Cuando mis relaciones con algunas personas se han complicado, he decidido alejarme. Han sido decisiones basadas en mis derechos, que deben ser respetadas y que benefician la estabilidad familiar—, explica Jeniffer, quien se ha enterado de que otras madres cabeza de hogar que habitan la zona rural de Mocoa, han sufrido en ocasiones violencia intrafamiliar, pero, a diferencia de ella, no han tenido acompañamiento.
Otras mujeres cuentan que, gracias a esta experiencia y a la capacitación continua, están participando con mayor confianza en discusiones que surgen dentro de los procesos organizativos.
—Antes de ser parte de este comité y de recibir la asesoría, yo era una persona muy tímida, demasiado tímida. Me daba miedo opinar, aunque muchas veces sabía que podía tener razón en lo que pensaba; sin embargo, me costaba levantar la mano y expresar mis ideas por temor a equivocarme—, dice Bessi Ximena Cortés, de la asociación Comicacao, de San Vicente del Caguán (Caquetá).
—Pero, a partir de mi participación en los talleres, he aprendido a hablar en diferentes espacios y a dar mi opinión con mayor seguridad. Además, he adquirido bastante conocimiento sobre temas de los que antes no era consciente, ya que mi enfoque estaba más centrado en las actividades de la finca, como el mantenimiento del ganado—, cuenta Ximena.
REAL ha llegado incluso a motivar la participación de jóvenes en escenarios políticos, como en el caso de Dánier Andrade, del Valle del Guamuez (Putumayo) e integrante de la asociación Asoprocaf, quien fue elegido por votación popular como miembro del Consejo Municipal de Juventudes.
—Anteriormente, por falta de conocimiento, no sabíamos cómo lograr inclusión política y desconocíamos algunos derechos que nos permitían alcanzarla, para que nuestra voz como jóvenes fuera escuchada. Hoy estamos empoderados y, además, entendimos la importancia de la mujer joven, del adulto mayor y que todos cumplimos un rol importante en nuestra sociedad—, relata Dánier.
Pero ¿cómo lograr que las personas que cultivan cacao y venden la miel de abejas o transforman productos del bosque, teniendo ahora un rol cada vez más participativo y con productos ya identificados como sostenibles, tengan una mayor estabilidad económica?
Sobre esto último, la palabra la tiene Agrobiz. Mientras Rainforest Alliance capacita a personas agricultoras en producción sostenible, para implementar estándares y lograr certificaciones; y Wildlife Conservation Society (WCS) lidera el enfoque ecológico y científico, identifica zonas clave de conservación y define las áreas que deben protegerse, Agrobiz es la pieza empresarial del consorcio: diseña modelos de negocio para conectar a quienes producen con quienes compran.
—Buscamos clientes, principalmente en Europa, pero también nacionales, que valoren y paguen una prima diferencial por la calidad del grano, por contar con sistemas de trazabilidad que certifiquen su producción “cero deforestación” y, además, por los avances en temas sociales que rodean sus cosechas—, dice Hernán Jiménez, cofundador de Agrobiz.
Foto: WCS Colombia
Hernán cuenta que aquello que más pesa a la hora de comercializar los productos y conseguir clientes es demostrar que los cultivos no deforestan y que las tierras estén legalizadas. Los avances sociales incluidos en el Protocolo de Equidad e Inclusión Social son desde ahora un impulso adicional. Superado esa etapa, el siguiente escalón es alcanzar la suficiente calidad.
—Estamos, en síntesis, aumentando la resiliencia de las comunidades de este entorno amazónico. Creemos que, apoyando la agricultura sostenible, más clientes van a confiar en este proceso; esa es nuestra apuesta—, concluye.
Así, territorios donde durante años la voz de muchos no fue escuchada, el cambio no necesariamente podría comenzar a medirse en hectáreas conservadas o en toneladas vendidas. Y algo menos visible tal vez comenzará a hacer la diferencia: mujeres y jóvenes alzando su voz y comunidades decidiendo en beneficio propio.