- No obstante, investigadores advierten que la especie podría enfrentar nuevas amenazas asociadas al cambio climático.
- El mamífero está presente en el 72 % del Parque Regional Natural Ucumarí, Risaralda.
Foto: Juan Camio Mantilla
Pereira, Risaralda. 27 de abril de 2026. Un análisis basado en más de 22.600 fotografías obtenidas con cámaras trampa en la cuenca alta del río Otún, en Risaralda, evidenció que la danta de montaña (Tapirus pinchaque) está presente en cerca del 72 % del territorio evaluado. El estudio fue desarrollado por expertos de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (CARDER) y WCS Colombia (Wildlife Conservation Society).
La danta de montaña es una de las cuatro especies de tapires que existen en el mundo (en Colombia hay tres de ellas). Además, su rol como dispersora de semillas la convierte en un mamífero clave para la regeneración de los bosques altoandinos y de los páramos, contribuyendo así a mantener la salud de estos ecosistemas que, adicionalmente, son el hogar de otras especies de fauna.
No obstante, la danta de montaña está amenazada: a nivel global, está catalogada como Vulnerable (VU) por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y en Colombia como En Peligro (EN). “Sin embargo, los resultados de este estudio muestran que la especie está respondiendo positivamente a las modificaciones que han venido ocurriendo en el territorio donde llevamos a cabo esta investigación. Eso no significa que el riesgo haya desaparecido, pero sí nos dice que estamos a tiempo de actuar sobre lo que está funcionando”, señala Julio César Gómez, director de la CARDER.
Según los investigadores, estos resultados se explican, en buena medida, porque en la región no se evidencia expansión agrícola ni pérdida reciente de bosques. Por el contrario, las coberturas naturales muestran señales de recuperación. Además, no se han registrado situaciones de cacería.

El monitoreo realizado por medio de 35 cámaras trampa permitió analizar 114 registros de dantas, y en los que el 82,5% de los animales captados presentaban una buena condición corporal y sin heridas visibles. Aunque estos resultados son positivos, los investigadores advierten que Tapirus pinchaque podría enfrentar nuevos desafíos asociadas al cambio climático.
Las variaciones en el clima pueden modificar las condiciones del territorio y afectar su distribución. Al vivir entre los 1 700 y 4 000 m s. n. m., un aumento en la temperatura puede reducir las áreas adecuadas para la especie en las zonas más bajas, obligándola a desplazarse hacia elevaciones mayores, donde el espacio disponible es más limitado. A esto se suman posibles alteraciones en el régimen de lluvias que pueden alterar la disponibilidad de alimento y de las fuentes hídricas de las que ella depende.
Aunado, los cambios en el clima también pueden favorecer la presencia de la mosca barrenadora del Nuevo Mundo (Cochliomyia hominivorax), un parásito asociado a zonas cálidas que normalmente afecta al ganado. Luz Dary Acevedo, coordinadora del programa de salud de WCS Colombia, menciona que el aumento de las poblaciones de esta mosca incrementa el riesgo de miasis, enfermedad que se hace evidente en heridas previamente ocasionadas por múltiples causas (como los alambres de cercas de púas o mordeduras) y en las que el insecto deposita sus huevos. Allí, las larvas crecen alimentándose de tejidos vivos, con mayor frecuencia en mamíferos.
La amenaza por la miasis causada por la mosca barrenadora tuvo en la zona de estudio un pico en 2024, durante aquel fenómeno de El Niño que fue uno de los más intensos registrados en los últimos años, y en el que se documentaron dantas con heridas de gran tamaño asociadas a esa enfermedad.
“Estos resultados nos permiten priorizar acciones en el territorio y anticiparnos a los riesgos. El monitoreo nos da información clave para enfocar esfuerzos en restauración, manejo sanitario y trabajo con comunidades antes de que las amenazas afecten a la población”, afirma Leonor Valenzuela, bióloga y coordinadora del proyecto por WCS Colombia.
Foto: Juan Camilo Mantilla
Este panorama llevó a que los expertos desarrollaran un plan de acción para continuar protegiendo a la especie, mismo que está basado en los datos obtenidos durante los 70 días que duró el monitoreo. En este proceso participaron equipos técnicos de CARDER y WCS Colombia (incluidos veterinarios y biólogos), así como autoridades nacionales y locales, propietarios de reservas naturales de la sociedad civil (RNSC) y organizaciones comunitarias de la región, que aportaron conocimiento clave sobre la especie.
Dicho plan contempla medidas orientadas a proteger su hábitat, a atender riesgos sanitarios y a fortalecer el trabajo con las comunidades y las autoridades locales. Entre las principales acciones se incluyen la restauración y conectividad de bosques, alertas tempranas y atención inmediata a nuevos casos de miasis, al igual que estrategias de educación y articulación institucional para reducir las presiones sobre ese mamífero. Este estudio forma parte de un macroproyecto que se viene trabajando en articulación con el Grupo de Especialistas en Tapires de la UICN.
“Los que de alguna manera garantizamos que la conservación siga como un ejercicio continuo y permanente, constante y enfocado, somos las comunidades que vivimos en las áreas rurales. Estamos involucrados con todos los esquemas de conservación, articulados en el monitoreo de los valores objeto de conservación”, afirmó Víctor Fernández, miembro fundador de la organización ambiental Chinampa de la cuenca del río Otún, Risaralda.
Los expertos coinciden en que es vital continuar con este trabajo en la región para hacer seguimiento al estado de la especie e identificar nuevas amenazas. Con ello será posible ajustar las acciones de conservación a partir de la evidencia obtenida.
La danta de montaña (Tapirus pinchaque)
La danta de Montaña es considerada uno de los mamíferos terrestres más grande de los Andes colombianos. Puede medir hasta 1,80 metros de largo y alcanzar 90 centímetros de altura. Esta especie, que es solitaria, tímida y principalmente nocturna, se alimenta de hojas, brotes y frutos, y vive entre 25 y 30 años.
Foto: Juan Camilo Mantilla
En Risaralda, la danta de montaña se distribuye en las cuencas de los ríos Otún y Campoalegre, un corredor biológico que conecta áreas clave como el Parque Nacional Natural Los Nevados, el Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya, el Parque Regional Natural Ucumarí y los distritos de conservación de suelos Campoalegre y Barbas-Bremen, lo que resalta la importancia de esta región para la conectividad de los ecosistemas andinos.