Andrés Suárez ha convertido su profundo vínculo con ese territorio cordillerano, ubicado en tierras del Tolima, en inspiración propia y para otros, buscando así contribuir con la conservación de los recursos naturales que allí existen. Hoy, él restaura bosques y protege especies de árboles amenazados, al tiempo que transmite a las nuevas y actuales generaciones la importancia de cuidar la naturaleza y la responsabilidad que esto implica.
Foto: William Bravo / WCS Colombia
Por: Jacobo Patiño Giraldo
“Yo recuerdo que en mi niñez ese río era muy grande; siempre mantenía crecido y no se podía cruzar. Ahora, uno lo mira en verano y es apenas una quebrada que por cualquier lado se puede pasar.” Así describe Andrés Suárez el río Amoyá, cauce que, en su fluir constante, ha tallado la tierra durante millones de años para formar el Cañón de Las Hermosas.
Para Andrés, campesino de sangre y de profesión, estas laderas han sido su hogar durante los 39 años de vida que él tiene. Ha visto árboles crecer y caer, animales ir y venir y el caudal del río aumentar y mermar. Este vínculo profundo, así como el conocimiento único de quien se despierta día a día rodeado de naturaleza, es lo que lo ha llevado a convertirse en un guardián de su territorio, queriendo, además, recuperar los bosques y cuidar las especies de flora más amenazadas.
Crecer en el campo
El cañón de Las Hermosas, ubicado en la cordillera Central, en la parte alta del municipio de Chaparral, Tolima, es, por un lado, un importante refugio de biodiversidad que también acoge a familias indígenas y campesinas que históricamente han vivido, al igual que Andrés, de la agricultura y la ganadería.
Pero, por otra parte, y debido a su ubicación estratégica, también fue, varios años atrás, corredor y foco del conflicto armado. “En esta zona hubo bastantes cultivos ilícitos. Me acuerdo que antes talaban montañas enteras. Hoy en día se ven más restauradas, pero no vuelven a ser lo mismo”, relata Andrés.
Para él, crecer aquí no fue fácil. Si bien pasó la infancia junto a su familia con relativa tranquilidad, cuenta que, a sus once años, ocurrió un hecho que lo marcaría para siempre: el fallecimiento de su madre. “Yo creo que de ahí para adelante todo cambió. Aunque mi papá siempre trató de apoyarme, ese instante hizo un antes y un después para él y para mí”.
Foto: "EL PATO" Salcedo / WCS Colombia
Perder a una figura tan crucial en una etapa clave de su desarrollo, lo dejó en una situación muy vulnerable, que recuerda con enorme tristeza y voz temblorosa. “Yo en mi niñez sentía mucho vacío y tenía que enfrentarme a un montón de cosas: a las malas amistades, al vicio… La muerte de mi madre fue un proceso muy difícil que nos marcó mucho, y son recuerdos que viven en la mente por siempre”, expresa.
Sin embargo, afirma que su conexión con la espiritualidad fue una de las grandes ayudas que lo motivó a salir adelante, y que hoy día sigue siendo fundamental para orientar su vida y su forma de ver el mundo. “Es algo que me ha ayudado a mirar distinto las cosas, a tener un hogar, una familia, a trabajar para ayudar a las personas y a no guardar rencor”.
La alternativa de la restauración
Aunque Andrés ha dedicado gran parte de su vida a la ganadería, a la agricultura y a jornalear, su amor por la naturaleza le ha permitido participar en distintas actividades relacionadas con el cuidado de la vida silvestre: desde monitorear al oso andino junto con Parques Nacionales Naturales de Colombia, hasta mantener el vivero temporal de la alianza Río Saldaña - Una Cuenca de Vida*.
“Con este vivero trato de ayudar a especies amenazadas como el cedro negro, la palma de cera o el cedro rosado. Es para restaurar bosques, o partes de potreros, según los acuerdos que se hagan con los dueños de los predios”, explica. Y agrega: “es un trabajo en el que hay que recolectar semillas, plantarlas, embolsarlas, regarlas y, cuando ya están listas, llevarlas al sitio donde serán sembradas con la esperanza de que se conviertan en árboles”.
Foto: William Bravo / WCS Colombia
No es fácil, especialmente porque cada especie tiene sus particularidades y requiere atención constante para sobrevivir. “Siempre es difícil, porque uno cree que cuando recolecta muchas semillas, todas van a germinar, pero se lleva la sorpresa de que no es así. De 700 que uno recoge, pueden salir, apenas, 20 o 30 plantas. Se requiere mucho cuidado”, enfatiza.
Además, en los últimos tres años Andrés ha estado transportando plantas, materiales y apoyando con su guía y conocimiento la identificación y el mapeo de árboles que tienen algún grado de amenaza y que aún subsisten en la zona. Esto como parte del importante apoyo que la Fundación Franklinia le ha venido dando a la alianza Río Saldaña - Una Cuenca de Vida.
“Es una persona de palabra, muy responsable. Siempre trata de hacer lo mejor que puede, y conoce muy bien la región y las plantas. Además, se ha ido capacitando y aprende muy rápido. Contar con su apoyo ha sido clave”, sostiene William Bravo, biólogo y especialista en restauración de WCS, que ha trabajado con Andrés durante este tiempo.
Un regalo que debemos proteger
Para Andrés, la relación con la naturaleza va mucho más allá del trabajo. Según él, las plantas, los animales, las montañas y las aguas forman un gran paraíso que, aunque nos da todo lo que necesitamos para sobrevivir, hemos olvidado nuestra responsabilidad de cuidarlo. “Usted puede salir al campo, escuchar cómo cantan las aves, ver las cascadas y los ríos. Todo eso está ahí para que los seres humanos lo disfrutemos. Pero pareciera que ya hubiéramos tomado la decisión de explotarlo, de destruirlo”, dice.
Por esa misma razón, Andrés viene inculcando en sus dos hijos, Natalia, de 13 años, y Andrés, de 4, esa misma vocación que él tiene por defender la biodiversidad. “Uno trata de transmitirles esa responsabilidad: que si ven un pájaro, que no lo molesten, o que a los árboles no hay que maltratarlos, pues ellos tienen su propia forma de sentir”, añade.
Foto: "EL PATO" Salcedo / WCS Colombia
A la par, considera que sus vecinos de la vereda Alemania, en el corregimiento de Las Hermosas, aún tienen que concientizarse más sobre la importancia de mantener los ecosistemas naturales. “Acá somos poquitos los que queremos hacer este tipo de cosas. Muchos no están de acuerdo, y ha habido problemas porque no entienden que si conservarmos, dejaremos algo para el futuro, para los hijos. Algunos creen, equivocadamente, que al cercar una parte de su finca para ayudar a conservar, luego llegará el gobierno y les quitará ese terreno, o que no les darán ningún beneficio”.
Sin embargo, y a pesar de esto, reconoce que el paisaje ha cambiado, y aunque el río Amoyá ha disminuido su caudal, también ha podido ver cómo las laderas que antes estaban descubiertas, han ido, poco a poco, recuperando su verdor. Y esto, según Andrés, puede ser un paso hacia un futuro esperanzador.
“Hay daños que ya están hechos, pero si todos nos pusiéramos la mano en el corazón y verdaderamente nos diéramos a la tarea, podríamos remediar mucho. Dios nos ha dado la capacidad de disfrutar de este paraíso, entonces tenemos que cuidar todas esas cosas buenas que nos ha dado.”
*Río Saldaña – Una cuenca de vida es una alianza público-privada entre Parques Nacionales Naturales de Colombia, CORTOLIMA, Fundación Grupo Argos, Concretos Argos y WCS con el apoyo de Fundación Franklinia y APC Colombia.