La investigación muestra que las áreas protegidas, los territorios indígenas y otras medidas efectivas de conservación cumplen funciones importantes para conservar la biodiversidad y reducir la pérdida de bosques.
OMEC Riomanso, en Norcasia, Colombia. - ©️Nativa ONG
Nueva York, 11 de septiembre de 2026 — Un nuevo estudio internacional concluye que alcanzar las metas globales de biodiversidad y clima exigirá algo más que ampliar las áreas protegidas. Al comparar el desempeño de distintos enfoques de conservación en la protección de bosques y la reducción de emisiones de carbono, los investigadores encontraron que las áreas protegidas siguen siendo la herramienta más eficaz para evitar la deforestación, mientras que los territorios indígenas y otras medidas efectivas de conservación pueden desempeñar un papel complementario importante.
Publicado en Nature Communications, el estudio ofrece una de las evaluaciones más completas hasta la fecha sobre el desempeño de distintos enfoques de conservación en paisajes de bosque tropical. Los hallazgos aportan a los gobiernos nueva evidencia científica de cara a la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que plantea conservar y gestionar eficazmente al menos el 30% de las áreas terrestres, de aguas continentales, costeras y marinas del planeta para 2030.
En lugar de centrarse únicamente en si un área cuenta con una determinada categoría de conservación, los investigadores abordaron una pregunta más amplia: qué enfoques de gobernanza territorial generan resultados de conservación medibles de manera consistente. El análisis comparó áreas protegidas, territorios indígenas, concesiones forestales orientadas a la conservación, concesiones madereras y concesiones mineras, aportando nueva evidencia sobre cómo distintos modelos de gobernanza contribuyen a conservar los bosques y reducir las emisiones de carbono.
“La crisis global de biodiversidad nos exige usar todas las herramientas efectivas de conservación disponibles”, afirmó Kendall Jones, director de Ciencia y Planificación de Ecosistemas de Wildlife Conservation Society y coautor del estudio. "Las áreas protegidas siguen siendo la piedra angular de la conservación de la biodiversidad, pero nuestros hallazgos muestran que una diversidad de enfoques respaldados por una gobernanza y una gestión eficaces, muchos de ellos liderados por Pueblos Indígenas y comunidades locales, pueden complementarlas y ayudar a los países a cumplir sus metas globales de biodiversidad y clima".
El estudio combinó una evaluación a escala global de la presión humana en áreas protegidas y Otras Medidas Efectivas de Conservación basadas en Áreas (OMEC), áreas que no forman parte de las áreas protegidas formales, pero que aun así logran conservar la biodiversidad a largo plazo, con un análisis detallado de la pérdida de bosques en la Amazonía peruana entre 2005 y 2021. Al tener en cuenta las diferencias en la ubicación de las áreas de conservación, los investigadores pudieron comparar qué tan eficazmente cada enfoque redujo la deforestación y las emisiones de carbono asociadas.
En la Amazonía peruana, las áreas protegidas resultaron ser el enfoque más eficaz para evitar la pérdida de bosque, al evitar cerca de la mitad de la deforestación esperada en paisajes comparables sin protección. Los investigadores también encontraron que los territorios indígenas y las concesiones de productos forestales no maderables orientadas a la conservación redujeron de forma significativa tanto la deforestación como las emisiones de carbono, lo que demuestra que distintos enfoques de conservación pueden generar beneficios medibles para la biodiversidad y el clima. En contraste, las concesiones madereras y mineras se asociaron con una mayor pérdida de bosque y mayores emisiones de carbono que las áreas comparables sin manejo, lo que subraya que los resultados de conservación no dependen únicamente de la figura legal, sino también de cómo se gobiernan y gestionan los territorios.
El estudio también evaluó la red mundial de OMEC existentes y encontró que, si bien estas áreas suelen presentar mayor presión humana que las áreas con los niveles más estrictos de protección a escala mundial, mantienen niveles de presión humana sustancialmente menores que los paisajes sin protección. Al analizar las OMEC por separado, muchas mostraron niveles muy bajos de alteración humana, lo que refuerza su potencial para complementar a las áreas protegidas a medida que los países amplían sus esfuerzos de conservación bajo el Marco Mundial de Biodiversidad.
Los hallazgos subrayan que los resultados de conservación no dependen solo de la superficie reconocida con fines de conservación, sino también de qué tan eficazmente se gobiernan y gestionan esas áreas a lo largo del tiempo. Los autores concluyen que evaluar el desempeño de la conservación, e invertir en los enfoques que generan beneficios medibles y consistentes para la biodiversidad y el clima, será esencial para que los gobiernos avancen hacia el cumplimiento de la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad.
"Los países tienen muchas rutas posibles para conservar la naturaleza, y esta investigación muestra la importancia de reconocer aquellas que demuestran resultados", señaló Germán Forero Medina, director científico de la región Andes-Amazonía-Orinoquía de WCS y coautor del estudio. "Las áreas protegidas siguen siendo indispensables, pero los Pueblos Indígenas, las comunidades locales y otros socios de conservación también están demostrando cómo los territorios bien gestionados pueden conservar la biodiversidad y, al mismo tiempo, contribuir a enfrentar el cambio climático. Aprovechar estas fortalezas complementarias será esencial para alcanzar las metas globales de biodiversidad”.
“Un siguiente paso clave es ir más allá de evaluar el desempeño general de los distintos enfoques de conservación y entender dónde, cuándo y bajo qué condiciones sociales y ecológicas son más efectivos”, explicó Pablo Negret, autor principal del estudio. "Nuestra investigación futura se enfocará en identificar esas condiciones y en entender cómo se pueden combinar estratégicamente los distintos mecanismos de conservación en diferentes territorios. En última instancia, buscamos darles a los gobiernos y a quienes trabajan en conservación evidencia que les permita dirigir recursos limitados hacia los lugares y enfoques donde puedan lograr los mayores beneficios para la biodiversidad, el clima y las personas".
Los autores enfatizan que ningún enfoque de conservación será suficiente por sí solo. Por el contrario, plantean que las áreas protegidas y otras medidas efectivas de conservación deben entenderse como componentes complementarios de una estrategia de conservación más amplia, respaldada por monitoreo de largo plazo, financiamiento adecuado y una gobernanza efectiva. Asimismo, recomiendan desarrollar metodologías consistentes para evaluar los resultados de conservación, de modo que los países puedan identificar y fortalecer los enfoques que generan mayores beneficios para la biodiversidad y el clima.
Wildlife Conservation Society (WCS)
WCS trabaja para conservar la vida silvestre y los ecosistemas naturales del mundo mediante la ciencia, la conservación y la educación, promoviendo una mayor valoración y cuidado de la naturaleza. Su Programa Global de Conservación trabaja en más de 50 países de Asia, África y América Latina, así como en los océanos del mundo, en alianza con gobiernos, Pueblos Indígenas y comunidades locales, organizaciones de la sociedad civil y el sector privado, contribuyendo a proteger más del 50% de la biodiversidad conocida del planeta.
En sus cuatro zoológicos y el Acuario de Nueva York, WCS recibe cada año a más de 3,5 millones de visitantes y promueve entre las nuevas generaciones el cuidado de la naturaleza.
Su trabajo se articula a través de programas regionales, entre ellos el Programa Regional Andes, Amazonía y Orinoquía (AAO), que integra el trabajo de WCS en Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú e impulsa acciones de conservación en paisajes prioritarios de la región.
Más información: newsroom.wcs.org