Durante décadas, la ganadería extensiva ha transformado los bosques en potreros en muchos municipios de este departamento. Hoy, campesinos como Óscar Ortegón y Javier Suárez participan en procesos de restauración productiva con los que recuperan especies de flora, fuentes de agua y biodiversidad, sin abandonar sus actividades. En sectores de Roncesvalles y Chaparral, y con siembras de árboles nativos y apropiación comunitaria, ellos dan ejemplo de cómo se puede transformar el paisaje.
Fotos: Río Saldaña una Cuenca de Vida
Por: Jacobo Patiño Giraldo
“Cuando nosotros llegamos acá, no se veía un árbol por ninguna parte. Todo estaba pelado”. Óscar Ortegón, campesino ganadero de 70 años, usa esta frase para describir lo que era la finca que comenzó a trabajar con su familia cuando era un adolescente, un terreno situado en la vereda San Miguel, en las afueras de Roncesvalles (Tolima).
Décadas de ganadería extensiva y prácticas insostenibles habían dejado a muchas montañas tolimenses sin su verdor original, reemplazado, en su mayoría, por potreros y cultivos expuestos al sol.
Sin embargo, más de cincuenta años después, el paisaje ha cambiado. Campesinos como Óscar han participado en iniciativas de restauración que forman parte de la alianza ‘Río Saldaña, Una Cuenca de Vida’*, para recuperar áreas de bosque dentro de sus predios y traer de vuelta la biodiversidad de la zona.
Combaten, de paso, un problema que no es menor. Solo entre 2001 y 2022, el departamento perdió 82.480 hectáreas de cobertura arbórea, una reducción del 5,7 %, según datos de Global Forest Watch, divulgados por la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima). Entre los municipios que registraron mayores pérdidas estuvieron Chaparral, con 5.230 hectáreas, Ataco y Planadas, con 3.920 y 3.650 hectáreas, respectivamente.
Por eso, que el bosque renazca en una finca productiva como la de Óscar se convierte en una apuesta por el agua y la biodiversidad, en medio de una región muy impactada. Pero, también es una demostración de que la recuperación de los ecosistemas puede avanzar de la mano de quienes viven y producen en el campo.
No es sembrar y sembrar
Esto último no deja de ser un reto, porque restaurar un ecosistema va mucho más allá de prohibir la presencia humana o sembrar muchos árboles.
Según William Bravo, biólogo y especialista en restauración en WCS, “recuperar un paisaje que ha sufrido un disturbio puntual o prolongado es una tarea amplia y holística”. Él recuerda que, en sus inicios, cuando se hablaba de restauración, se buscaba que los ecosistemas recuperaran su estado prístino. “Con el tiempo nos hemos dado cuenta de que en muchos casos esto puede ser costoso, tardar demasiado o ser inviable por tener que desplazar a las personas”, explica.
Fotos: Río Saldaña una Cuenca de Vida
Por eso, en la alianza ‘Río Saldaña, Una Cuenca de Vida’ se han recuperado algunos de los servicios que prestan los ecosistemas, como la sombra, la calidad del agua y el refugio para la biodiversidad, sin que los habitantes de la zona tengan que suspender sus actividades, y quienes ahora incorporan estrategias más sostenibles.
“Nuestro enfoque siempre ha sido la restauración productiva, y partimos de la voluntad de los propietarios para mejorar las condiciones ecosistémicas de sus predios. Hacemos un diagnóstico sobre la viabilidad de las siembras y destinamos recursos para hacer aislamientos de esas partes deterioradas—como nacimientos de agua—, donde siempre está pisando el ganado; o riberas completamente desprovistas de vegetación”, comenta Bravo.
Una vez se aíslan las zonas a restaurar, se pasa a una fase de enriquecimiento, y en la que se seleccionan especies vegetales nativas y amenazadas que han crecido en un vivero gestionado por la alianza y apoyado por la fundación Franklinia, las cuales se siembran en los sitios escogidos. Luego, esas plantas son monitoreadas periódicamente para evaluar su desarrollo. “Todas las actividades parten desde el consenso con los propietarios, porque la idea no es imponer, sino encontrar soluciones que les funcionen”, agrega.
No obstante, la restauración es un proceso largo, y se deben surtir muchas etapas para que el territorio pueda albergar de nuevo una nutrida diversidad de plantas y animales.
Bravo explica: “si el escenario es un potrero abierto, debemos empezar sembrando especies muy resistentes que crezcan rápido y generen una buena cobertura. A estas las llamamos especies pioneras. Luego, son reemplazadas por especies intermedias, más altas, con troncos gruesos y un poco menos resistentes a condiciones extremas”.
“Por último, vienen las tardías, que se demoran mucho tiempo en crecer; lo hacen principalmente en la sombra y están adaptadas a condiciones más favorables. A todo este paso a paso se le llama sucesión ecológica, ya que a medida que se va consolidando, los pastos en el potrero comienzan a desaparecer y ellos le van dando espacio al aumento de la biodiversidad”, añade.
El antes y el después de la restauración
Los propietarios beneficiarios de las iniciativas de restauración, como Óscar, han podido ver cómo en sus predios vuelven a crecer bosques, donde antes sólo había una vegetación destinada a la alimentación de sus vacas.
“Cuando se inició el trabajo, la zona de restauración estaba desolada, estéril, y ahora se puede decir que hay un bosque completo. Hasta llegan animalitos que nunca habíamos visto, como loros orejiamarillos, tangaras y sinsontes”, cuenta.
Fotos: Río Saldaña una Cuenca de Vida
Asimismo, Javier Suárez, otro ganadero participante de la alianza y propietario de una finca en el cañón de Las Hermosas, cerca de Chaparral (Tolima), cuenta una experiencia similar en su predio y destaca otros beneficios de tener áreas restauradas. “Los árboles sirven para darles una comodidad a mis animales, para que se puedan refugiar de las altas temperaturas que han aumentado con el cambio climático. En mi caso, también he visto cambios en el ecosistema, en la fauna y en la calidad de las pasturas”.
Para Javier, que ha habitado su finca durante sus 60 años de vida, la transformación en el paisaje ha sido impactante. Según él, cada vez se hace más común que los propietarios elijan restaurar o implementar sistemas de producción más limpios.
Además, afirma que el proceso de paz de 2016 fue un catalizador para la mejoría de los ecosistemas de la zona. “Aunque tuvimos una época de auge de cultivos ilícitos donde se perjudicó a la flora y se derribaron muchas hectáreas de bosque, después del proceso de paz pudimos empezar a trabajar con distintas entidades para retomar estos territorios. Hoy en día vemos cómo se han fortalecido y recuperado”.
El paisaje no ha sido lo único que ha cambiado. Para William Bravo, la percepción y apropiación de los procesos restaurativos resultan muy diferentes frente a lo que eran al inicio de las siembras, en 2020.
“Con la evidencia, la gente ha empezado a creer mucho más. A veces, los propietarios van a revisar los árboles que se sembraron, y, al ver que han crecido, sienten orgullo y pertenencia frente a la restauración que antes no tenían. Si uno hace un sondeo, más o menos el 80% de las personas tienen opiniones favorables”, destaca.
Sin embargo, no es una tarea sencilla, y los propietarios expresan que el programa también ha tenido sus retos y oportunidades. “Todavía seguimos aprendiendo, pues estos son procesos lentos con los que toca esperar a ver resultados. En proyectos anteriores, con otras entidades, a veces teníamos pérdidas de material vegetal porque se traía desde muy lejos. Pero, ahora, como tenemos un vivero transitorio en el mismo predio, podemos obtener las plantas que sembramos”, opina Javier Suárez.
Mantener lo que se recupera
Después de estas intervenciones, queda el reto de dejar a los propietarios con todas las herramientas necesarias y la confianza para asegurar que los nuevos bosques continúen creciendo y se mantengan en el futuro.
Fotos: Río Saldaña una Cuenca de Vida
“Desde el inicio de la siembra tenemos un equipo que está sensibilizando a la comunidad sobre la importancia de continuar la restauración y evitar que la cobertura sea nuevamente tomada para la ganadería. También estamos recopilando lecciones aprendidas, puntos de acierto y no acierto, y diciéndoles a las personas que esos árboles y esos cercos son de ellos, que deben cuidarlos”, menciona Bravo.
Casualmente, en 2025, Cortolima reportó procesos de restauración ecológica similares en 3.178 hectáreas del departamento. Y el reto continúa: en 2026, la entidad anunció un proyecto para intervenir otras 1.603 hectáreas mediante diferentes modelos de restauración, especialmente en zonas con menos del 10 % de cobertura boscosa y altos niveles de degradación.
Pero las cifras también tienen una dimensión humana: para que esos bosques permanezcan, necesitan de personas que los cuiden. Óscar y Javier tienen toda esa disposición para que sus fincas mantengan un espacio para la biodiversidad indefinidamente.
“Mi mensaje para estas nuevas generaciones es que sepan que conservar significa vida. Espero que en el futuro esta se convierta en una parcela demostrativa y sea el ejemplo para muchos. No es fácil esto de ponerle ganas y tener sentido de pertenencia, pero yo sé que la madre naturaleza nos recompensa”, manifiesta Javier.
Del igual modo, Óscar expresa su satisfacción con la alianza y sus ánimos de seguir cuidando ese terreno que ha sido su hogar por más de medio siglo.
“Es una experiencia muy bonita, y estoy muy contento y muy agradecido con lo que hemos hecho. Tenemos unos árboles que están bien altos y ya está todo listo para seguir protegiendo lo que hay. Como dice el dicho: “¡Pa’ lante, que pa’ atrás asustan!”.
Quizás, la determinación de Javier, Óscar y los demás campesinos que han elegido el camino de la restauración sea la semilla que permita que, en otros cincuenta años, sus hijos y nietos puedan decir, como ellos, que viven en un Tolima mucho más verde del que los vio crecer.
‘Río Saldaña – Una cuenca de vida’ es una alianza público-privada entre Parques Nacionales Naturales de Colombia, CORTOLIMA, Fundación Grupo Argos, Concretos Argos y WCS, con el apoyo de Fundación Franklinia y APC Colombia.