UN ESFUERZO POR EVITAR SU EXTINCIÓN
Las ranas, sapos, salamandras y cecilias están en casi todos los lugares del planeta.
Sin embargo, un reciente estudio publicado en la revista Nature indica que su poblaciones están en declive. De las 8.000 especies que existen en todo el planeta, el 40,7 del total están bajo amenaza.
En Colombia, de las casi 800 especies que viven en el territorio, 301 están en riesgo, cifra que supera a las de otras naciones megadiversas como Ecuador, Brasil, Madagascar, India, Perú o México.
En el año 2004, cuando el primer estudio en este mismo sentido fue publicado, se dijo que las enfermedades eran la principal causa para que las especies de anfibios pasaran a las categorías de la Lista Roja de la UICN.
Foto: Jhonattan Vanegas
Aludía aquella investigación a los efectos de la quitridiomicosis, referida a dos hongos (Batrachochytrium dendrobatidis y Batrachochytrium salamandrivorans) que engrosan la piel de las ranas, impidiéndoles su respiración normal y produciendo toxinas que alteran la respuesta inmunológica de los ejemplares infectados.
Sin embargo, esta nueva evaluación global explicó que ahora, casi 20 años después de ese primer diagnóstico, esas dolencias dieron paso a la pérdida de hábitat (que ha producido el 37 por ciento de las afectaciones), y al cambio climático (se le adjudica el 39 por ciento de los daños), siendo estas dos las más importantes causas del declive referido.
El primer tema, que está impulsado, básicamente, por el crecimiento del consumo de bienes y servicios que motivan la deforestación, la expansión agrícola, el desarrollo de infraestructuras y la contaminación, deja a los anfibios con menos lugares donde vivir, reproducirse y alimentarse. En el país, esto es más notorio en la región Andina, donde, por ser el área geográfica que acumula la mayor cantidad de población y desarrollo, se ha concentrado el más intenso deterioro para nuestras especies.
Hoy en día, WCS Colombia, a través del proyecto ‘Estrategia de Conservación de Anfibios en Colombia’, trabaja para proteger a este grupo de vertebrados. Lo hace en los Parques Nacionales Naturales Selva de Florencia, Farallones de Cali, Tatamá, Munchique y Guanentá Alto Río Fonce. Estas áreas protegidas poseen alrededor del 33% (71) de las especies amenazadas que hay en el país.
ASÍ ES LA ESTRATEGIA DE CONSERVACIÓN
El proyecto Estrategia de Conservación de Anfibios ha sido desarrollado por WCS (Wildlife Conservation Society), junto con el Zoológico de Cali y el apoyo de Zoo Zürich AG. Hemos trabajado arduamente desde 2016.
El objetivo principal ha sido la protección de especies amenazadas de este grupo de vertebrados, que viven en áreas protegidas nacionales.
A lo largo de todos estos años, nuestra labor se ha concentrado en siete parques nacionales, con diferentes acciones de conservación mediante acuerdos de conservación, evaluación de hongos quítridos y ranavirus y estudios ambientales financiados por el ‘Fondo de Becas Mono Hernández’.
Foto: Jhonattan Vanegas
Además, realizamos monitoreos y exhaustivos inventarios para conocer el estado de las poblaciones de las especies, así como las amenazas que enfrentan.
Y organizamos talleres para mejorar las habilidades de identificación de especies y el uso de la Herramienta de Monitoreo e Información Espacial (SMART), que permiten a los administradores de las áreas protegidas optimizar el monitoreo, la evaluación y el manejo adaptativo de sus actividades de patrullaje.
En el Parque Nacional Natural Chingaza logramos un acuerdo de conservación que incluyó el control de la trucha, la protección del hábitat y la promoción del turismo sostenible.
En el Parque Nacional Natural Farallones de Cali trabajamos en acuerdos de conservación con propietarios para proteger a las especies Oophaga lehmanni y Oophaga anchicayensis, con actividades de educación ambiental y fomentando el turismo responsable. Un trabajo similar se enfoca sobre la rana Atelopus lozanoi, en el Parque Nacional Natural Chingaza (Cundinamarca).