Debido a la inminente llegada del fenómeno de El Niño, muchos de estos mamíferos podrían quedar empozados o, incluso, morir. Al menos 120 pescadores de nueve asociaciones en el Magdalena Medio realizan un monitoreo comunitario permanente para reaccionar a tiempo ante eventuales emergencias. El trabajo se desarrolla en, por lo menos, 33 cuerpos de agua y 6 complejos cenagosos. A la fecha, van más de 8076 horas de monitoreo, con el que también se apoya a la Red de Varamientos regional.
Foto: Katherine Arévalo-González
Por Javier Silva
Los bajos niveles de ríos y ciénagas en el Magdalena Medio, particularmente en zonas de Santander como Barrancabermeja, y de Cesar como Aguachica, han prendido muchas alarmas y generado preocupación entre autoridades y habitantes locales por el futuro de los manatíes del Caribe (Trichechus manatus manatus).
Los individuos de esta especie, catalogada como En Peligro de Extinción, según el Libro Rojo de Mamíferos de Colombia, padecen con la reducción de los caudales, ya que esa disminución de agua supone para ellos mucho más que la pérdida de espacio para desplazarse. Las ciénagas funcionan para los manatíes como una red de caminos que les permiten conectar con ríos, caños y otros humedales donde encuentran alimento y refugio. Y cuando esos corredores pierden profundidad, o se interrumpen, algunos de estos mamíferos acuáticos pueden quedar confinados y varados, llegando, incluso, a morir sin una ayuda adicional.
La situación regional ya es preocupante, a pesar de que el fenómeno de El Niño todavía no ha alcanzado su punto máximo de desarrollo. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), sus efectos se sentirán con mayor intensidad entre octubre y diciembre.
Sin embargo, según ese instituto de investigación meteorológica, el nivel del río Magdalena en alrededores de Barrancabermeja ronda ahora mismo entre los 1,40 y 1,45 metros, casi un metro por debajo de lo habitual para esta época, con puntos críticos en los que apenas alcanza los 70 centímetros. Incluso, en las ciénagas Paredes y El Llanito ya existen sectores prácticamente secos, situación que dificulta la navegación de los pescadores.
Ante este complejo panorama, dos estrategias para la conservación de los manatíes vienen fortaleciendo sus diferentes mecanismos, para anticiparse a esas posibles emergencias: el Monitoreo Comunitario en el que participan pescadores de la región y la Red de Varamientos (RVM).
El monitoreo comunitario
El propósito del monitoreo comunitario se vuelve ahora muy importante, porque permite saber dónde están los manatíes, qué rutas utilizan y cuáles son los grupos que, ante la eventual desconexión entre ríos, caños y ciénagas, podrían quedar aislados o encallados.
Esta estrategia reúne actualmente a unos 120 pescadores que han conformado asociaciones, la mayoría de Barrancabermeja (Pezcomagda, Apacco, Asopezchucurí, Asodesba, Asopezgrum). También de Bocas del Carare, vereda de Puerto Parra (Asopesbocar). Igualmente, de Campo Duro, en Puerto Wilches (Asopromanatí), y de Sabana de Torres (Proecomanatí). Hay una asociación del Cesar conocida como Asociacion de Hombres Pescadores y Agricultores de Campo Amalia, esta última una inspección de Aguachica.Aguachica.
Foto: Yelsin Salgado / WCS Colombia
A la fecha, esas personas locales han acumulado más de 8.076 horas de monitoreo.
El trabajo se desarrolla en, por lo menos, 33 cuerpos de agua y 6 complejos cenagosos aledaños a los ríos Sogamoso, Opón, Magdalena, Lebrija, Viejito, San Juan y Carare; y en las ciénagas de Opón, Peruétano, La Colorada, Macías, Parirí, Chucurí y Paredes.
Todos fueron capacitados por parte del equipo de WCS, en el marco del Proyecto Vida Silvestre (PVS)*, para recolectar información y llenar un formulario en el que deben indicar, entre otros datos, la fecha, la hora y el lugar de la jornada de pesca, y si durante ese lapso vieron algún manatí. Si no hubo avistamientos, igual es información que ellos incluyen y que se valida técnicamente.
Pero, si vieron a uno o a varios de ellos, explicarán cuántos eran, dónde estaban, si eran grandes o pequeños y qué estaban haciendo en el momento del avistamiento (nadando, comiendo, apareándose o si estaban en emergencia). Los manatíes casi nunca salen completamente del agua, por eso los pescadores deben decir qué parte del ejemplar pudieron apreciar.
Solo narices, lomos y colas
El monitoreo acumula hasta el momento dos etapas: una que se realizó entre marzo del 2024 y que terminó en el primer trimestre del 2025. La otra fase se está cumpliendo en este instante, y ha cubierto todo el 2026. En total, los pescadores han llenado 1.887 formularios, en los que han dejado constancia de 1357 avistamientos, partir de los cuales se ha podido concluir que los sitios en donde más se han visto estos mamíferos son los ríos Carare, Viejito y Lebrija, y las ciénagas de Paredes, Parirí, caño Macías y caño Peruétano.
Generalmente, se han logrado ver partes de ejemplares grandes, como sus colas, narices y lomos. Sin embargo, la mayoría de las veces se ha detectado, principalmente, su reboso, que es el momento en el que los manatíes sacan unos centímetros de su cuerpo sobre la superficie y, en cuestión de segundos, al percibir una canoa o la presencia humana, agitan el agua en su esfuerzo por regresar al fondo y ocultarse.
Foto: Katherine Arévalo
Toda esta información es recuperada entre pescadores y un grupo de monitores que, de manera voluntaria, se encarga de subirla a la plataforma KoboToolbox, instalada en celulares y diseñada para la recopilación y análisis de datos en campo, donde los profesionales del WCS los centralizan, analizan y retroalimentan.
Una de esas monitoras es Carmen Chiquillo, quien vive en Campo Amalia, corregimiento de Aguachica (Cesar), a orillas del río Lebrija. Lleva al menos un mes en la recolección de datos, pero, hasta ahora, los pescadores que deben entregarle reportes no han visto ningún ejemplar.
—El nivel del río está muy bajito, y ellos han tenido que emplearse en otras actividades para ganar su sustento, porque salir de faena no vale la pena, no hay forma de sacar algo de un caudal que está casi seco— dice Carmen, a quien le preocupa que algunos manatíes que se ven cerca de su vereda queden encallados.
Como ocurrió hace ya unos 7 años, cuando en otra temporada seca, ella conoció el caso de tres hembras y una cría macho que se vararon en una ciénaga cercana.
—La gente les dio comida, sobre todo plantas. Incluso muchos los midieron y, finalmente, entre todos los llevaron cargados en unas camillas de tela a otra ciénaga, muy cerca de donde quedaron atrapados— recuerda Carmen.
Ella dice que las condiciones actuales hacen posible que un hecho así se repita y por eso los habitantes del corregimiento, aun en medio de sus necesidades, están muy atentos.
La red de varamientos y una línea de emergencia
A finales de julio pasado, un grupo de pescadores encontró un manatí varado en la isla de Modesto, en el sector de Campo Duro (Puerto Wilches, Santander), en la ciénaga Paredes. Cuando ya se disponían a sacarlo manualmente, comenzó a llover. El aguacero hizo el trabajo por ellos, porque el nivel del agua subió lo suficiente para que el ejemplar abandonara la isla.
Pero no siempre hay tanta suerte. Por eso, WCS y la Fundación Cabildo Verde de Sabana de Torres (organizaciones alidadas en el PVS) refuerzan el acompañamiento a esos animales durante esta temporada con otra estrategia: la Red de Varamientos de los Manatíes (RVM), que recibe reportes de habitantes y funcionarios locales cuando alguno queda atrapado, encallado o expuesto en zonas secas.
Katerin Arévalo González, bióloga experta en manatíes y gestora de la Red, explica que, hasta el año pasado, la RVM había recibido el reporte de 58 varamientos, categoría que agrupa los empozamientos y encallamientos en los que los animales quedan expuestos en zonas secas, ya sea por desorientación o por la desaparición del agua.
Foto: Katherine Arévalo/Cabildo Verde Sabana de Torres
—Uno de los principales aportes de la Red es que, aunque alguno de sus miembros no pueda atender inmediatamente a un manatí que está sufriendo un percance, es capaz de movilizar instituciones y apoyos —explica Arévalo.
La Red funciona, básicamente, gracias a una línea de emergencias (322-9838738) a la que cualquier persona puede llamar para reportar a un individuo en aprietos e incluso enviar fotografías por WhatsApp. A partir de ese momento, quienes están a cargo de la parte operativa de la Red determinan las acciones a seguir y, según la ubicación, definen qué expertos deben liderar la asistencia.
La Red tiene principalmente el apoyo de la Corporación Autónoma de Santander (CAS), que no solo mantiene activado un protocolo de emergencias y espacios de coordinación con Cabildo Verde y WCS; con entidades como Corantioquia o Corpocesar, y con alcaldías (las de Barrancabermeja, Yondó, Sabana de Torres, Puerto Wilches y Puerto Parra, entre otras). Además, hace trabajos de inspección de los animales que eventualmente sean hallados muertos.
Uno de los sustentos de la Red es que las comunidades locales tengan canales efectivos de comunicación con las autoridades competentes para notificar las emergencias. Hasta el momento, cerca del 90 por ciento de los reportes han sido hechos por ellas.
Personas que viven en veredas como El Totumo y el Descanso (Yondó, Antioquia), Riberas del San Juan (en Cimitarra, Santander), Bocas del Carare, La Sierra (de Puerto Parra, Santander) y Campo Amalia, ubicada en Aguachica (Cesar), o en sitios cercanos a ciénagas como la de Paredes (entre Puerto Wilches y Sabana de Torres, en Santander), también han sido capacitadas por las entidades para ejecutar un protocolo de primeros auxilios básico, mientras el animal herido o encallado es reubicado en un sitio donde se pueda mantener húmedo o se le puede dar sombra si aparece fuera del agua.
El PVS también prepara un plan piloto para implementar otro formulario orientado a generar alertas tempranas, con información en tiempo real sobre la presencia de manatíes, los niveles de ríos y ciénagas, las condiciones de acceso, la presencia de peces u otros animales muertos y la posible pérdida de conexión entre humedales.
La información permitirá complementar el trabajo de la Red de Varamientos y mejorar la capacidad de respuesta ante eventuales emergencias, especialmente en lugares donde las condiciones de sequía puedan dificultar el acceso.
Valor ecológico del manatí del Caribe
La necesidad de fortalecer estas estrategias no se explica únicamente por una sequía cuyas consecuencias todavía son difíciles de prever. Para los manatíes, esta es una amenaza que se suma a una larga historia de obstáculos para sobrevivir.
Por décadas, la cacería para el consumo de su carne provocó la muerte de numerosos individuos y contribuyó a la reducción de sus poblaciones. A esa presión se ha sumado, en los últimos años, la transformación de su hábitat: ciénagas y humedales fueron desecados o intervenidos para destinarlos a actividades productivas, como cultivos y ganadería (incluso de búfalos), lo que ha reducido las rutas que han utilizado para alimentarse, refugiarse y desplazarse.
Foto: Katherine Arévalo-González
Incluso, en sus aguas deben tolerar residuos de minería ilegal de oro, vertimientos de residuos sólidos y hasta evadir grandes redes usadas para la pesca (trasmallos), donde a veces se enredan hasta ahogarse.
El PVS se esmera por la protección de una especie, cuyos individuos cumplen una función importante en los ecosistemas acuáticos: al alimentarse con plantas acuáticas, por ejemplo, impiden el crecimiento de muchas de ellas, como el buchón (por esto a veces los llaman vacas acuáticas), que, si se reproducen en exceso, reducen la cantidad de oxígeno disponible en las ciénagas, caños y ríos.
También remueven sedimentos con sus movimientos y aleteos, y contribuyen a mantener la profundidad de los cuerpos de agua. Finalmente, sus heces aportan nutrientes que sirven de alimento para los peces.
Es justo, entonces, garantizarles condiciones de vida suficientes, incluso en medio de la crisis climática. Si no, es muy probable que, con el pasar de los años, quienes compartan territorio con estos mamíferos ya no puedan pensar y pronunciar, con la misma confianza, esa frase premonitoria que muchos repiten como invocando un buen augurio: “donde hay manatíes, seguramente habrá buena pesca”.
*El Proyecto Vida Silvestre, iniciativa liderada por Ecopetrol, Fondo Acción y WCS Colombia, trabaja por la conservación de 15 especies (doce de fauna y tres de flora). Lo hace en tres paisajes: los Llanos Orientales, el Magdalena Medio y el piedemonte Andino-Amazónico (Putumayo).