De esta iniciativa forman parte la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), Parques Nacionales Naturales de Colombia, Fundación Grupo Argos, WCS y Smurfit Westrock a través de su Fundación en Colombia.
En el evento se oficializará la adhesión de la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ) como un nuevo socio que sumará importantes aportes.
En la cita se darán a conocer logros y aprendizajes, y se socializarán las acciones futuras para los próximos cinco años en favor de una de las especies más emblemáticas de los Andes colombianos.
Foto: Arley Muñoz_ PNNC
Tras diez años de trabajo articulado, la alianza público-privada Conservamos la Vida se consolida como una de las apuestas más relevantes para la protección del oso andino en Colombia. Y en un evento que reunirá a actores clave del país, hoy presentará los principales resultados que ha alcanzado durante esta década, lanzará el nuevo plan estratégico con horizonte al año 2030 y oficializará la adhesión de la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ) como su nuevo socio.
"En estos diez años, Conservamos la Vida ha demostrado que la conservación solo es sostenible cuando se construye con las comunidades, desde la confianza, el conocimiento del territorio y la generación de oportunidades. Hemos aprendido que proteger al oso andino es también proteger el agua, restaurar los bosques, fortalecer la biodiversidad y acompañar a las familias campesinas que conviven con esta especie. Con el nuevo plan estratégico al 2030 queremos llevar este aprendizaje a una nueva etapa: profundizar las alianzas, ampliar el impacto y avanzar con acciones concretas frente a los retos que aún persisten en los ecosistemas andinos. Nuestro propósito es que la conservación siga siendo una fuente de vida, bienestar y desarrollo para los territorios”, afirmó María Camila Villegas, directora ejecutiva de la Fundación Grupo Argos.
Algunos resultados
Durante los últimos diez años, Conservamos la Vida ha demostrado que la conservación puede generar impactos reales cuando integra ciencia, comunidades locales, alianzas estratégicas y una visión de largo plazo. Entre los principales resultados se destaca el aumento en la presencia del oso andino en paisajes priorizados, pasando de un 52% a un 76% de ocupación en la cordillera Occidental y alcanzando un 61% en la cordillera Central.
Asimismo, el trabajo conjunto ha permitido la protección y restauración de ecosistemas estratégicos, fortaleciendo la conectividad entre bosques altoandinos y páramos que son claves para la especie. En ese mismo sentido, Luisz Olmedo, director de Parques Nacionales Naturales de Colombia, agregó que “La presencia del oso andino en las áreas protegidas es un indicador ecológico y una señal de que los ecosistemas están funcionando y sosteniendo la vida. Proteger esta especie es asegurar agua, biodiversidad y bienestar para millones de colombianos”.
Conservamos la Vida también ha consolidado un exitoso modelo de coexistencia entre comunidades rurales y fauna silvestre, reflejado en la ausencia de reportes de ataques a animales domésticos en las zonas donde trabaja. Este resultado, que habla de la efectividad de las estrategias implementadas para tal fin, demuestra que sí es posible armonizar las actividades productivas con la conservación de la biodiversidad.
En todos estos avances, el componente social ha sido fundamental. A la fecha, se han firmado 90 acuerdos voluntarios de conservación con comunidades rurales, promoviendo territorios sostenibles y fortaleciendo el liderazgo local. Además, 15 sedes educativas han participado activamente en procesos de educación ambiental, involucrando a cerca de 1900 estudiantes y 181 docentes.
“Los resultados alcanzados nos dicen que la conservación del oso andino es factible en la medida en que sea construida desde los territorios, con la participación de las comunidades locales y con una visión que integre y convoque a múltiples actores. Este proceso ha sido clave para fortalecer la gobernanza y generar confianza en las regiones”, señaló Catalina Gutiérrez, directora de WCS Colombia.
En esa misma línea, Catalina Barberena Hurtado, directora ejecutiva de la Fundación Smurfit Westrock Colombia, destacó que “Cuando lo público, lo privado y lo comunitario se articulan y aportan lo mejor de sus capacidades, es posible impulsar un desarrollo local con una agenda social, económica y ambiental integrada y sostenible. Para las empresas, ser parte de un proceso colectivo es asumir un compromiso real con la protección de una especie endémica clave para el agua, la biodiversidad y el futuro del territorio”.
Un café amigable con el oso
Conservamos la Vida también ha sido un motor fundamental para dar vida a alternativas productivas sostenibles, como la marca Café Oso Andino, con una producción de 34.587 kg entre 2019 y 2025 y la comercialización de 2.152 kg en mercados verdes, lo que ha contribuido a mejorar los medios de vida de las comunidades vinculadas.
Foto: Conservamos la Vida
Dicha marca recibió el año pasado el sello Aval de Confianza Negocios Verdes de la Corporación Autónoma Regional del Valle Cauca (CVC) y el sello Andean Bear Friendly, reconocimiento que ayuda a las familias cafeteras a abrir mercados de exportación a nivel internacional y a recibir mejores precios por las ventas de sus cosechas.
La obtención de estos sellos significó, además, un gran estímulo al esfuerzo de sus principales protagonistas, un pequeño grupo de familias cafeteras ubicadas en el municipio de El Águila (norte del Valle del Cauca), y quienes están firmemente comprometidos con la construcción de un paisaje cordillerano que entrelace la productividad, la conservación y la sana convivencia con el oso andino.
“En el Valle del Cauca, particularmente, además del apoyo y promoción a este tipo de negocios verdes, el proyecto Conservamos la Vida ha permitido establecer acuerdos de conservación que vinculan a distintas familias en procesos de restauración y preservación de los bosques y el hábitat del oso andino. Esto ha contribuido a fomentar la coexistencia entre la especie y las comunidades”, señaló Marco Antonio Suárez Gutiérrez, director general de la CVC.
Hacia el 2030
Por su parte, el plan estratégico 2030 se construye a partir de los aprendizajes de más de una década de trabajo conjunto, consolida los logros de la Alianza y orienta sus esfuerzos a enfrentar las problemáticas que aún persisten en la conservación del oso andino. Con base en lo anterior, fortalece un enfoque integral que articula la conservación de la biodiversidad con el bienestar de las comunidades, promoviendo la conectividad ecológica y la coexistencia humano-fauna. El plan se sustenta en la generación de conocimiento científico y el monitoreo técnico, claves para la toma de decisiones informadas.
“Para la Corporación Autónoma Regional del Quindío, sumarnos a esta alianza representa una decisión estratégica que reafirma nuestro compromiso con la protección de la biodiversidad y la conservación de especies emblemáticas como el oso andino. Este convenio nos permitirá unir capacidades técnicas, científicas y comunitarias para fortalecer la conectividad ecológica de nuestros territorios y avanzar en acciones conjuntas que garanticen la conservación de los ecosistemas andinos para las futuras generaciones”, afirmó Juan Esteban Cortés Orozco, director encargado de esa corporación.
Esta alianza público-privada, de la que conforman parte la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), Parques Nacionales Naturales de Colombia, Fundación Grupo Argos, WCS y Smurfit Westrock a través de su Fundación en Colombia, y la que ahora se suma la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ), consolida un esfuerzo conjunto por proteger una de las especies más emblemáticas de los Andes colombianos.
Acerca del oso andino
El oso andino (Tremarctos ornatus), también conocido como oso de anteojos, es la única especie de oso en Suramérica y uno de los grandes mamíferos más icónicos de los ecosistemas de montaña. Habita en bosques andinos y páramos desde Venezuela hasta Bolivia, desempeñando un papel clave como dispersor de semillas y regulador ecológico, lo que lo convierte en una especie fundamental para la salud y resiliencia de estos territorios.
En Colombia, su presencia está estrechamente ligada a la conservación de fuentes hídricas y lugares estratégicos para la biodiversidad y las comunidades humanas. Sin embargo, enfrenta amenazas como la pérdida y fragmentación de su hábitat y los conflictos con actividades productivas. Proteger al oso andino no solo implica conservar una especie, sino también salvaguardar los ecosistemas de los que dependen millones de personas.
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